¿Por qué Israel?

Museo de Israel, Jerusalem

Museo de Israel, Jerusalem

Recuerdo cuando tenía 9 o 10 años y en la escuela a la que asistía organizaron una Feria de las Colectividades: todos los alumnos, sin importar la edad, se juntarían a preparar un stand temático sobre el país al que representarían. Así fue que el día llegó y ví a mis compañeros con ropas típicas de países tan diversos como Portugal, Paraguay, Alemania, Siria, Chile, España y otros. Y allí estaba yo, con una mesa con algunas comidas judías, una bandera de Israel y un cartel escrito a mano con algunos datos demográficos y políticos del estado judío.

Los padres circulaban por el salón y cuando mi madre se acercó a mi a saludarme, recuerdo haberle cuestionado por qué yo tenía que representar a Israel. Es decir; el abuelo de Tomás venía de Portugal y por eso el representaba con orgullo ese país, el abuelo de Juan Ignacio había nacido en Yugoslavia, y de allí que era un fiel representante de su cultura, ¿pero que tenía que ver yo con Israel? No tenía ningún padre, abuelo o bisabuelo que hubiese nacido allí, y tanto mis padres como yo nunca habíamos estado ni teníamos planeado viajar hacia allí. “¿Por qué Israel?”.

El tiempo me llevó a ser parte de una Tnuat Noar (movimiento juvenil sionista) y allí encontrar respuestas que nunca antes había tenido. Si de chico me sorprendí por una vez al año tener que representar a Israel, en la Tnuá nos sentíamos los mismísimos embajadores de Israel frente al mundo. Todo giraba en torno a Israel, a su política, a su música, a sus películas, a su gente. Y ese giro alrededor de Israel generaba que las diferencias entre judíos ashkenazíes, sefaradíes, conversos, laicos o conservadores desaparezcan.

Ajad Haam

Ajad Haam

Ajad Haam decía que colonizar la Tierra Israel solo creando asentamientos sin una tarea educativa por detrás iba al llevar al sionismo a la desaparición. Los pogroms, la Shoá, las persecuciones, las inquisiciones, los casos Dreyfus o los problemas económicos de los judíos del mundo eran problemas de índole regional, temporal o incluso individual. Israel solo tendría sentido si representaría la resurrección del pueblo judío como pueblo vivo.

Eso es Israel para MAKEVET: la única forma posible de que la cultura judía se mantenga viva. Es cierto, durante los miles de años sin autonomía el pueblo judío creó cultura, pero esta siempre fue sectorial: las culturas orientales (mizrajíes), ashkenazíes y sefaradíes (principalmente) por separado, como si de pueblos diferentes se tratara, con sus puntos en común en elementos desarrollados en la época en que los judíos aún convivían juntos. Israel vino a poner fin a esto. Israel es el faro cultural del pueblo judío, todos los miembros del pueblo, sin importar donde vivan, ven como cierta esta legitimidad. Y así como Scholem Aleijem es cultura ashkenazí, o el ladino es el idioma sefaradí, el hebreo israelí es el idioma judío universal, Hadag Najash hace música judía y Amos Oz escribe literatura judía.

Podemos no estar de acuerdo con las políticas del gobierno de turno, podemos ser críticos de muchos aspectos de su sociedad y podemos juzgar de forma negativa sus políticas económicas, pero nunca podremos cuestionar la existencia de Israel. Esa misma existencia que provoca que todos los judíos del mundo -aun los que ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos hayan pisado el país antes- se sientan representados por su cultura y vean en ella el mayor símbolo de unidad de todo un pueblo.

Eso es Israel para MAKEVET.

Editor de MAKEVET.

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