La Reforma Deuteronomista: el rey Yoshiahu | 4° vela de Januca

La festividad de Janucá, nos brinda diferentes contenidos relacionados entre sí, históricos, como la revuelta de los Macabeos; culturales, como las tensiones internas entre la vida judía tradicional y las influencias helénicas; y políticas-rituales, como las disputas por el gran sacerdocio en el Beit HaMikdash (Templo de Yerushalaim).

Entre estos contenidos, enaltecidos o devaluados por diferentes corrientes a lo largo de nuestra historia, voy a referirme a uno que ya tenia precedentes: el de Janucat Hamizbeaj – la purificación e inauguración del altar del templo de Yerushalaim. Pero en este pequeño artículo me ocuparé del precedente en sí, que ocurrió 455 años antes de la reacción macabea, en el año 622 antes de la era común.

Yoshiahu, 648 a.e.c. - 690 a.e.c.

Yoshiahu, 648 a.e.c. – 690 a.e.c.

El Contexto histórico de Yoshiahu (Rey de Yehuda entre los años 640 y 609 a.e.c,  numero 18 de la dinastía de David):

El Reino de Israel, de mayor población, riqueza económica y geografía que el reino de Yehuda, había sido destruido por el imperio asirio en el año 722 a.e.c, y muchos de sus habitantes fueron exiliados en zonas alejadas del imperio, pero también muchos se trasladaron a Yehuda y a otras partes de la región. Es así como a partir de esta época la población de Yehudá creció en forma significativa.

Los asirios, dueños y señores de la región durante un poco más de un siglo decidieron no destruir al pequeño reino de Yehuda, si no que subyugarlo y desarrollar una economía que le dé redito al imperio, cobrando impuestos a través de reyes vasallos y logrando, de esta manera, una época de prosperidad económica en Yehudá, especialmente en la época del Rey Menashé, que gobernó 55 años durante el siglo 8 a.e.c.

El único rey de Yehuda que se revelo a los asirios fue Jizkiahu, quien a fines del siglo 8 a.e.c. divisó erróneamente una debilidad en el imperio, dejó de pagar impuestos y causó que el imperio mande tropas a Yehuda y destruya cruentamente varias ciudades fortificadas de Yehuda. Pero Yerushalaim, sede del reino, no fue destruida, ya que además de fortalecerla y aprovisionarla, pago con creces los impuestos adeudados. Esta situación de no destrucción de Yerushalaim construyó una nueva creencia, tanto en las elites como en el pueblo: la convicción de que Yerushalaim no sería nunca destruida.

Reinos de Yehuda (norte) e Israel (sur), hacia los años 790-735 a.e.c.

Reinos de Yehuda (sur) e Israel (norte), hacia los años 790-735 a.e.c.

A fines del siglo 7 a.e.c. el imperio asirio comenzó la decadencia y una nueva fuerza comenzó a apoderarse de la región, los Caldeos, que comenzaron a avanzar y conquistar territorios asirios. La otra fuerza de la región, Egipto, brindó refuerzos a los asirios para bloquear a los Caldeos y mantenerlos lejos de sus tierras. Mientras tanto en Yehudá y las zonas del exreino de Israel estaba quedando un provisorio vacío, que Yoshiahu aprovechó para ampliar dominio, y es así como extendió las fronteras de Yehuda a zonas del exreino de Israel y otras ciudades que habían sido tomadas por los asirios anteriormente. De esta manera, Yoshiahu aspiaraba a ser el rey de Yehuda e Israel, como en las lejanas y añoradas épocas de David y Shlomó.

Estas aspiraciones quedaron sin aliento cuando las tropas de la coalición egipcio-asiria, con el Faraón Nejó a la cabeza, iban rumbo a la batalla de Karkemish (al sur de Turquía) para frenar a los caldeos, y al pasar por la Ciudad de Meguido, al norte de Israel, Yoshiahu, tal vez apostando a una futura lealtad con los caldeos, les salió al cruce, y hasta ahí llegó: fue asesinado por el Faraón Nejó. La batalla de Karkemish fue ganada por los Caldeos, que siguieron avanzando y mantuvieron la política de dominio económico sobre los pueblos conquistados, exiliando a las elites y aplastando ocasionales rebeliones. Esto sucedió en distintos pueblos de la región, producto de deslealtades o apuestas políticas a favor de los egipcios, como la del año 586 a.e.c, cuando destruyeron “La Casa de Di’s” en Yerushalaim y exiliaron a parte de la población a Babilonia.

El hallazgo:

Podemos leer en Melajim bet, capítulos 22 y 23, que Yoshiahu le encargó a su escriba llamado Shafán pedirle al cohen (sacerdote) llamado Jilkiahu, realizar un Bedek Bait (tareas de limpieza general, reparaciones y mantenimiento en la “Casa de Di’s” en Yerushalaim). Durante las tareas se encontró un libro, que el Cohen le entregoó al Escriba, y éste se lo leyó al Rey. Este al escuchar el contenido del libro se rasgó sus vestiduras y pidió a sus sacerdotes y escribas, averiguar a cerca del contenido. Ellos llevaron el libro a la profetiza Julda, para obtener de ella una mejor explicación.

Yoshiahu rasgándose las vestiduras cuando leen el libro encontrado (Julius Schnorr von Carolsfeld, 1858)

Yoshiahu rasgándose las vestiduras cuando leen el libro encontrado (Julius Schnorr von Carolsfeld, 1858)

¿Que decía el libro?:

El libro encontrado, denominado en este capítulo Sefer HaTorá (libro de la ley o enseñanza), y Sefer HaBrit (libro del Pacto), contenía la negativa sentencia para el Reino de Yehuda por causa del comportamiento pagano del pueblo y su mala conducción a lo largo de varias generaciones. Pero Yoshiahu no vería las nefastas consecuencias en su vida, sino que ocurrirían en un futuro.

¿Que hizo el Rey?:

Llamó a los sabios, profetas, sacerdotes y a todo el pueblo de Yehuda a la casa de Di´s, les leyó el libro y los comprometió a todos a cumplir con los preceptos, testimonios y leyes de este libro. Luego de esto, realizó una gran operación de limpiar la Casa de Di´s (no es aun llamada Beit Hamikdash en estos textos) de todo símbolo de paganismo. Así mismo, mandó a destruir todos los altares de sacrificios en Yerushalaim y todas las ciudades de Yehuda, así como los distintos altares en Beit El, Dan y otras partes del exreino de Israel.

Yoshiahu prohibió de esta manera cultos a distintas deidades de la región, el culto al Di´s de Yehuda e Israel en distintos altares, en los que nombraban a Dí´s agregándole el nombre del sitio en el que se encontraba el altar. Prohibió los sacrificios humanos que se ofrendaban a la deidad Molej, el culto a la deidad femenina Asherá y la utilización de adivinos o magias entre otras prohibiciones para minimizar al máximo los rituales paganos.

En un sitio llamado Kuntilat Ag’rud, al noreste del desierto de Sinai, se encontró un altar del siglo 8 a.e.c. que contenía este dibujo y la inscripción en escritura hebrea antigua “Al Dí´s (las 4 letras del nombre del Di´s de Israel) del Sur y su Asherá”

En un sitio llamado Kuntilat Ag’rud, al noreste del desierto de Sinai, se encontró un altar del siglo 8 a.e.c. que contenía este dibujo y la inscripción en escritura hebrea antigua “Al Dí´s (las 4 letras del nombre del Di´s de Israel) del Sur y su Asherá”

Yoshiahu, concentró y limito el culto a un solo Di´s y a un solo sitio ritual: la casa de Di´s en Yerushalaim, sede de su reino. En la misma realizó el sacrificio de Pesaj, que según el texto ni en la época de los Jueces 5 siglos antes, ni en los reinados en Israel y Yehudá, se hacía de esta manera. Fue así que reinaguró (o mejor dicho, reposicionó) a Yerushalaim como único lugar de morada para el único Di´s de Yehuda e Israel.

La Reforma Deuteronomista:

Según la mayoría de los investigadores del Tanaj, el libro encontrado, por similitud de lenguaje, expresiones y contenido ideológico, no es otro que el quinto libro de la Torá, el libro de Dvarim (Deuteronomio), o gran parte del mismo. El Tanaj es un conjunto de textos, de distintas épocas, escritos, editados y reeditados, entre el siglo 9 y el siglo 2 a.e.c, finalmente copilado y canonizado por las primeras camadas de Sabios (Rabi Akiva entre otros) en el siglo 2 e.c.

Lo bueno del Tanaj, es que cada editor agregó su parte, en base a sus circunstancias o ideología, pero sin omitir ediciones o textos anteriores, que reflejan situaciones, realidades o pensamientos diferentes. De todas maneras, el compilado en su formato final tiene como objetivo ser el manifiesto de la idea monoteísta – ética.

La idea principal mencionada se expresa en distintos géneros literarios, sean leyendas, códigos legales, poesía, profecía, relatos de la corte, cronologías, relatos históricos, sabiduría, relatos etiológicos, etnológicos o cosmológicos, siendo la idea principal, el fin y los formatos y géneros, el medio. Por ejemplo, si leemos que se abrió el mar, o que el pueblo “vio las voces” en la revelación del Monte Sinaí, es menos importante saber científicamente si eso ocurrió o no, sino preguntarnos por qué y para qué el texto nos cuenta eso. Una de las respuestas podría ser: porque ni siquiera a través de los “milagros” o de la revelación divina se consiguió que el pueblo se comporte correctamente, queriendo decir que la ética y la justicia no se consiguen a través de sacudones magníficos puntuales, sino hay que sostenerlos en procesos continuos, como por ejemplo, los relatos de situaciones complicadas que fueron pasando Abraham o Yaacov.

La edición deuteronomista, precursora de la idea principal de la edificación del manifiesto monoteísta ético, se extiende, junto a otros relatos, (de escribas que emigraron del exreino de Israel y otros textos de épocas posteriores) entre el libro de dvarim, la “Torá” de los deutronomistas, y el libro de Melajim, pasando por los libros de Yehoshua, Shoftim y Shmuel, y es adjudicada a las familias de escribas y profetas de Yerushalaim entre los siglos 8 y 6 a.e.c.

Yoshiahu (izq.) junto a Menashe (der.), escultura en El Escorial, España

Yoshiahu (izq.) junto a Menashe (der.), escultura en El Escorial, España

Esta edición contiene ideas como la prohibición total del paganismo, la obligación de cumplir el pacto entre el Pueblo y el único Di´s, la prohibición de estatuillas y máscaras para el culto, la concentración del ritual en un solo sitio (según Dvarim, “el lugar que Él elija”, según Melajim, Yerushalaim), la intervención del líder en los programas divinos, la justicia social y el cuidado de los débiles de la sociedad, la condicionalidad de la tenencia de la tierra al comportamiento particular y social, el desprecio del ritual si no está acompañado de justicia social y ética, la morada del “nombre” de Di´s y no de Di´s en si en un lugar determinado. De esta reforma sale la conocida afirmación “Shemá Israel … Adon’y Ejad” (“Oye Israel … Di´s es Uno”): justamente en Dvarim capítulo 6, si esto se remarca y enfatiza es porque al momento de haberlo escrito y difundido, hacía falta remarcarlo y enfatizarlo.

El boletín de calificaciones del comentarista deuteronomista califica a los reyes de Yehuda e Israel en base a su comportamiento en estos parámetros. Es por eso que a reyes como Menashé, que durante su mandato hubo prosperidad y estabilidad política, se le adjudica la responsabilidad de la destrucción de Yehuda, un siglo y medio después de él, por sus comportamientos paganos e inhumanos, y a reyes como Jizkiahu, que trajo inestabilidad,  política y económica, pero intentó una reforma parecida a la de Yoshiahu, se lo califica como justo, y a Yoshiahu, se lo califica como el mejor Rey de la casa de David, que no hubo como él, antes y después.

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