Problemas en familia (parashat hashavua “Behaalotejá”)

Las relaciones entre hermanos son complejas. La gran mayoría de la gente que tiene hermanos acordaría con esto, de hecho es dificil encontrar a alguien que pueda decir lo contrario. Los sentimientos y acciones que se cruzan entre hermanos son varios e incluso llegan a contradecirse de una forma extrema: amor, odio, compañerismo, camaradería, indiferencia, agresividad, envidia, entre muchos otros.

Estas cuestiones no son sólo cosas de la época moderna, sino que desde hace miles de años estas relaciones ya no eran simples. En el Tanaj hay varios ejemplos, incluso de los más extremos que se puedan pensar, como Caín y Abel, en el que el primero mató a su hermano menor por la simple razón que Dios prefirió el sacrificio del otro (Bereshit 4:3-8).

Uno de los casos de hermanos más conocidos es el de los mellizos Yaakov y Esav. La rivalidad de ellos era tal que desde el vientre de la madre ya se veían los inicios de esta complejidad: “Y lucharon los hijos en su vientre” (Bereshit 25:22). Dos mellizos que ya mostraban rivalidad previa al nacimiento, al crecer todo empeoró. El menor, Yaakov, engañó al padre y le quitó la bendición al primogénito (Ídem 27:35). Mas esta diferencia de hermanos al parecer fue sanada con el tiempo, que después de años de separación, el encuentro fue realmente emotivo: “Y corrió Esav a su encuentro y le abrazó, y cayó sobre su cuello y le besó y lloraron” (Ídem 33:4).

Estas complejas relaciones de hermanos las vive posteriormente Yaakov, que tiene 12 hijos varones y una niña. Uno de los ejemplos de sobreprotección y venganza es el famoso episodio de la violación de Dina. Esta última, hija de Yaakov, sale a conocer y pasear por la zona. Al mismo tiempo, una persona llamada Shjem, quien también era el príncipe de la zona, la ve y la viola. Después de tal acto se enamoró y la quiso como esposa. Los hermanos al enterarse engañaron a Shjem y al padre y los convencieron de circuncidarse; a ellos y a todos los varones de la ciudad. Durante la recuperación, en el día posterior a la circuncisión masiva, Shimon y Levy entran a la ciudad y matan a todos los hombres aprovechando la debilidad, en venganza por la violación de la hermana (ídem 34).

Las historias no faltan. Así como fueron mostrados los ejemplos arriba, hay varios más. Pero me gustaría concentrarme en quienes son tal vez los tres hermanos más famosos del Tanaj: Miriam, Aharón y Moshe. La relación de estos tres hermanos se hace más compleja por el cargo que cumple cada uno de los tres frente al pueblo – cosa  que vamos a ver más adelante, pero comencemos por el principio.

Aharón, Miriam y Moshé

Aharón, Miriam y Moshé

El orden de los nombres no es casual; de mayor a menor. Miriam, la mayor de los tres hermanos, aparece en el relato justo cuando nace el menor de los tres: “Y su hermana (del niño) se apostó de lejos para saber lo que le sucedería” (Shemot 2:4). El faraón decretó muerte a los varones hebreos que nacieran, por lo tanto al nacer Moshé, su madre lo escondió tres meses, hasta que no pudo esconderlo más. La madre decidió ponerlo en una pequeña balsa en el rio Nilo y la hermana mayor lo vigiló desde lejos para verificar que su pequeño hermano estuviese bien.

La aparición del segundo hermano es en el momento que Moshé recibe la que será la misión más importante de su vida: liberar al pueblo de Israel y guiarlo por el desierto hasta la tierra de Cnaan. Moshé, según se autodefine él mismo, le cuesta trabajo hablar: “No soy hombre elocuente de ayer ni de anteayer, ni desde que hablaste a tu siervo, sino que soy pesado de boca y pesado de lengua” (Ídem 4:10).

Cuando Dios se da cuenta que Moshé no se convence de tomar la misión (pueden ver toda la discusión entre los dos en los capítulos 3 y 4 de Shemot), le recuerda que quien lo acompañará para cumplir con semejante tarea será Aharón su hermano: “Por cierto, Aharón el levita, hermano tuyo, Yo sé que él puede hablar bien. Además he aquí que sale a recibirte, y al verte se regocijará en su corazón” (Ídem 4:14). En el texto bíblico no sobran palabras, de hecho a veces faltan. Si el relator nos dice que al encontrarse se “regocijará su corazón” quiere decir que Aharón está muy contento de ver a su hermano.

Entonces tenemos a una hermana que dentro de la familia toma el rol de protectora desde que su hermano es sólo un bebé, y un hermano que será su compañía por todos los años siguientes, el mismo que se ha alegrado mucho de verlo.

Pero la relación de los tres hermanos se complica varios años más tarde, ya en el desierto:

“Y hablaron Miriam y Aharón contra Moshé, por causa de la mujer kushita que él tomó; porque mujer kushita había tomado. Y dijeron: ¿Acaso tan sólo con Moshe ha hablado Dios? ¿No ha hablado también con nosotros? Y Dios oyó” (Bamidbar 12:1-2).

En el texto bíblico comienza diciendo “וַתְּדַבֵּר מִרְיָם וְאַהֲרֹן”, el verbo hablar está en tercera persona femenino, o sea, hace referencia a Miriam. Todos los intérpretes entienden por eso que la que comenzó a hablar mal del hermano menor fue la hermana. La misma que lo viene mirando desde bebé, lo sigue haciendo ahora que son adultos.

Kush es Etiopía, por lo tanto se entiende que Moshé tomó a una mujer etíope como esposa. Según Rashi, la mujer Kushita era muy hermosa. No está de más decir que Moshé ya tenía una esposa, Tzipora, hija de Itró, sacerdote de Midian (Shemot 2:21). Miriam y Aharón hablan mal de Moshé y lo critican porque el gran líder de Israel se tomó para él a una mujer más. Los dos hermanos mayores ven de forma negativa las acciones del hermano menor y hablan mal a sus espaldas, y no sólo eso, sino que hacen referencia a su lugar en la dirigencia del pueblo, como si sus acciones no son acordes al cargo. Por otro lado, viéndose a sí mismos al mismo nivel que él, dan a entender que después de haber hecho tal cosa, Miriam y Aharón lo han superado. Moshé no escuchó, pero hay alguien que sí.

“Y aquel hombre, Moshé, era muy modesto, más que todos los hombres que había sobre la faz de la tierra. Y habló súbitamente Dios a Moshé y a Aharón y a Miriam, diciendo: Salid vosotros tres hacia la tienda de asignación. Y salieron los tres, y descendió Dios en una columna de nube, y se puso a la entrada de la tienda, y llamó a Aharón y a Miriam, y ellos dos salieron. Y dijo: Os ruego escuchad mis palabras. Si hubiese profeta entre vosotros, Yo, Dios, me daría a conocer a él en visión, o en sueños le hablaría. ¡No es así con mi siervo Moshé! En toda mi casa, fiel es él. Boca a boca hablo con él, y con palabras claras y no con enigmas; y la gloria del Dios contempla. ¿Por qué pues no temisteis hablar contra mi siervo Moshé?” (Bamidbar 12:3-8)

Dios juega el rol del adulto entre el conflicto de los hermanos, de hecho podría decir que toma el rol del padre. Él escuchó que hablaron mal de Moshé y de forma muy agradable manda a llamar a los tres. Incluso les habla dulcemente al principio, “Os ruego escuchad mis palabras”. Conforme avanza en la conversación va subiendo el tono, hasta que les hace entender muy claramente que Aharón y Miriam no son iguales a su hermano. Podrán ser profetas – de hecho, ellos están en ese nivel –, pero Moshé está muy lejos de ellos.

“Y aquel hombre, Moshé, era muy modesto” – ¿a qué viene? Dios no termina la conversación sólo con el regaño, como todo padre también hace ver su castigo: “Y la nube se apartó de sobre la tienda; y he aquí que Miriam estaba leprosa (blanca) como la nieve” (Idem 10). Miriam es castigada con lepra, mientras que Aharón sólo se queda con el susto y con la preocupación por la hermana, es por esto que inmediatamente va con Moshé y le pide que rece para que se cure Miriam. Sin más “clamó Moshé a Dios, diciendo: ¡Dios, te ruego, cúrala!” (Ídem 13). El rezo de Moshé resalta por ser muy corto y directo. Cada vez que éste tiene que rezar por el pueblo cuando Dios se enoja y quiere matar a todos, Moshé puede estar rezando medio capítulo; no así con el rezo por su hermana. Más allá del corto rezo, que es muy conciso y directo, se entiende que Moshé vio algo personal y familiar en el rezar por la salud de su hermana y todo esto, a pesar que él fue el centro de la crítica de los hermanos mayores. No hay siquiera muestra de molestia o enojo por lo que hicieron los hermanos, no hay sentimientos de grandeza de él después de lo dicho por Dios, sólo una clemencia de ayuda por la salud de su hermana.

Volviendo a la idea con la que comenzamos. Las relaciones entre hermanos no son simples, éstas son influenciadas por sentimientos encontrados y cruzados, que vienen por ser parte de una estructura familiar, en la cual, los padres también tienen mucho que ver. Amor, envidia, odio, protección no son cosas que pasan solamente en las telenovelas latinoamericanas, también lo tenemos en la vida misma y en nuestros personajes bíblicos, quienes también se caracterizan por ser personas de carne y hueso que tienen los mismos sentimientos que nosotros, personas mortales, también tenemos.

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