La Jerusalem de los judíos

En el año 586 a.e.c. el ejército de Babilonia, comandado por Nabucodonosor (Nebujadnetzar) conquistó la ciudad de Jerusalem, capital del reino de Yehudá. La ciudad fue destruida y saqueada, el templo quemado y vuelto polvo, toda la elite jerosolimitana fue llevada al exilio en Babilonia. Allí uno de los levitas exiliados escribió un salmo sufrido y triste, un salmo en el que llora a su amada ciudad, le hace un juramento y le pide a Dios que haga venganza por la destrucción:

“Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aún llorábamos, acordándonos de Sión… Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, que mi diestra olvide [su destreza]… Oh Dios, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén…”

(Salmo 137, fragmentos)

Este salmo es el primer elemento cultural en el repertorio judío-hebreo que expresa una añoranza profunda a Jerusalem. Después de éste no han cesado las creaciones culturales que expresen tanta añoranza o amor a dicha ciudad. En los últimos 2500 años pensadores, poetas, filósofos, entre otros han puesto a Jerusalem en el centro de sus obras, ya sean libros, ensayos, canciones, poesías o cualquier expresión artística.

La ciudad vieja de Jerusalem con el Templo de Salomón

La ciudad vieja de Jerusalem con el Templo de Salomón

¿Qué representa Jerusalem en la cultura judía? La ciudad comenzó siendo la capital del reino de Yehudá en la época del Primer Templo. Posteriormente fue la capital del reino Hashmoneo y de la provincia romana de Yehudá, durante la época del Segundo Templo. Hasta la destrucción de éste en el año 70, Jerusalem era tangible, física, vivida por el pueblo judío. Después de la destrucción de la ciudad a manos de los romanos, ésta pasó a ser más bien una idea, un anhelo. Una esperanza que inspiró a varios.

Según Jazal (los sabios), le era atribuido a Jerusalem ser la ciudad más bella:

“Quien no vio a Jerusalem en todo su esplendor, no vio belleza en el mundo”

(Babli Suca 51b)

“Diez medidas de belleza bajaron al mundo – nueve tomó Jerusalem y una todo el mundo”

(Babli, Kidushin 49b)

Pero también le dieron otros atributos:

“Diez medidas de sufrimiento hay en el mundo – nueve en Yehudá y una en todo el mundo, diez medidas de valentía hay en el mundo – nueve en Yehudá y una en todo el mundo, diez medidas de sabiduría hay en el mundo – nueve en Jerusalem  y una en todo el mundo”

(Yerushalmi Jagiga, 3, 5)

No solamente belleza, también sabiduría, valentía y sufrimiento.  Los cuatro atributos podríamos aplicarlos a Jerusalem a través de la historia, siendo la producción cultural del pueblo judío un espejo de su propia vivencia en tiempo y espacio.

¿Cuál es el lugar que ha ocupado Jerusalem en la cultura judía hasta hoy en día? En la memoria colectiva del pueblo judío, esta ciudad es prácticamente un axioma. Jerusalem existe y no importa con cuál corriente uno se identifique o con qué valores haya sido educado. No importa por quién votará en las próximas elecciones en Israel y si va a ayunar en Yom Kipur o Tisha Beav. Jerusalem ha ocupado y ocupará un lugar especial para todo judío, ya sea geográfico, filosófico, físico, metafísico, ideológico o de cualquier forma como uno lo quiera ver.

Mi corazón, está en Oriente, y yo en los confines de Occidente.
¿Como gustar de los manjares y disfrutarlos?
¿Cómo cumplir mis votos y mis promesas, si sigue
Sión bajo el poder de ‘Edom’ y yo sometido a los árabes?
Me parecerá tan fácil abandonar todo el bien de Sefarad,
como preciado contemplar las ruinas del Santuario destruido

(Rabi Yehuda Halevi 1075-1141)

Rab Yehuda Halevi

Rab Yehuda Halevi

Tal vez uno de los representantes más aferrados a Jerusalem durante la época de oro en España es Rabi Yehuda Halevi. En la poesía arriba escrita no sólo describe su dicotomía en cuanto a su amada Jerusalem, dónde se encuentra él físicamente y dónde se encuentran sus pensamientos, sino que inmediatamente después nos expresa el sufrimiento de ver a su ciudad sometida por un pueblo extraño, así como él lo está siendo por otro. Para concluir con el dilema personal: la vida buena que tiene en España por una ciudad en ruinas. A pesar de esa gran contradicción – la buena vida y la ciudad en ruinas, ve en Jerusalem un deseo por cumplirse.

Para el que tenga la curiosidad, Rabi Yehuda Halevi finalmente logra a llegar a Jerusalem aproximadamente en el año 1141. Casi con certeza se sabe que murió ese mismo año, la tradición sobre su muerte cuenta que un jinete – soldado cruzado – lo mató pisándolo con su caballo. Final trágico para un amante de Jerusalem. Por lo menos queda el consuelo que murió en su amada ciudad que por tantos años soñó.

Por lo general los historiadores hacen recordar Jerusalem por los reyes que la conquistan, o por la grandeza de sus construcciones, ya sea por el gran Templo que construyeron Salomón y Herodes – cada uno en su tiempo -, o por las murallas que construyó el Sultán Suleiman o la gran Iglesia de Constantino, el Santo Sepulcro. Pocas veces tenemos la oportunidad de imaginarnos la ciudad santa vista desde otra mirada, desde la mirada de su gente:

En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma.
¡Lo busqué y no lo encontré!
Me levantaré y recorreré la ciudad;
Por las calles y las plazas,
Buscaré al amado de mi alma.
¡Lo busqué y no lo encontré!
Me encontraron los centinelas
Que hacen la ronda por la ciudad:
“¿Han visto al amado de mi alma?”
Apenas los había pasado,
Encontré al amado de mi alma.
Lo agarré, y no lo soltaré
Hasta que lo haya hecho entrar
En la casa de mi madre,
En la habitación de la que me engendró.
¡Júrenme, hijas de Jerusalén,
Por las gacelas y las ciervas del campo,
Que no despertarán ni desvelarán a mi amor,
Hasta que él quiera.

(Shir Hashirim 3:1-5)

Uno no puede dejar de imaginar a la joven enamorada buscando a su amado entre los callejones de la ciudad, sus mercados y sus murallas, interactuando con otras personas pasando a su lado, preguntando por si han visto a su amado. Hasta que lo ve, lo encuentra, la alegría al verlo, la felicidad de haber encontrado a su amado al que lleva buscando durante horas. Esta es la belleza de Jerusalem.

Shir Hashirim

Shir Hashirim

Una de las canciones más famosas sobre Jerusalem y que expresa por un lado el anhelo de tantos años, y por otro la alegría de recuperar la ciudad, es ni más ni menos que Yerushalaim shel zahav (Jerusalem de oro) de Nomi Shemer.

Noemi Shemer

Noemi Shemer

Sobre todo lo que puede decirse de esta canción, principalmente habla de la alegría de volver a la ciudad vieja de Jerusalem después miles de años. La canción fue escrita poco después de la Guerra de los Seis Días en 1967:

Jerusalem de oro, bronce y de luz
Oh, de todas tus canciones
Soy violín
Volvimos a los  pozos de agua
Al mercado y a la plaza
El “Shofar” está  llamando en el monte del Templo
En la ciudad vieja

En paralelo a la alegre canción de Nomi Shemer, fue escrita otra canción, distinta letra, misma melodía. Escrita por Meir Ariel quien además de ser uno de los cantautores más grandes que hubo en Israel, en 1967 servía en el ejército y fue uno de los que liberaron la ciudad. La canción se llama Yerushalaim shel barzel (Jerusalem de hierro):

Jerusalem de hierro,
Y de plomo y de luto
¡Oh!, a todos tus muros dimos libertad
El regimiento herido siguió avanzando
Lleno de humo y sangre
Y madre tras madre se unieron al luto

Meir Ariel

Meir Ariel

Estas dos canciones nos hacen más tangente los atributos que le dan Jazal a Jerusalem: la bella, pero también la más sufrida. Meir Ariel contó después de haber escrito la canción:

Yo sabía del revuelo que provocó la conquista de la Ciudad Vieja, y de cómo la gente se enloquecía con la canción “Jerusalem de oro”. Y a mí también me emocionaba, pero yo también vi cómo se liberó Jerusalem, y cuánto costó. Y sentí que algo me obligaba a decir: “Un momento, señores, hoy tenemos el Muro de los Lamentos, pero no antes de tener cierto número de madres que se quedaron sin sus hijos. El pueblo de Israel ahora puede entrar a la Ciudad Vieja, pero antes, entró aquí el plomo a través del cuerpo de mis amigos.”

Yehuda Amijai

Yehuda Amijai

La bella ciudad de Jerusalem, la misma que es tan central en el inconsciente colectivo judío, desafortunadamente no ha dejado de ser la ciudad que ha recibido las nueve medidas de sufrimiento. Aún existen quienes no solamente la ven como el centro cultural, político, espiritual y religioso, sino como el centro de un conflicto. Como lo describe Yehuda Amijai, otro amante de Jerusalem:

A veces Jerusalén es ciudad de cuchillos,
Y hasta las esperanzas de paz más afiladas para cortar
La dura realidad se embotan o mellan.
Las campanas de la iglesia se afanan tanto por sonar
Con acento redondo y quieto
Pero se vuelven pesadas como maja que bate en un mortero,
Voces pesadas y sordas y hollantes. Y el chantre
Y el muecín* tratan de deleitar con su canto
Pero al final estalla el alarido punzante:
Señor Dios de todos nosotros, Único Señor, Uno,
Ejad, jad, jad, jad**

Traducción: Esther Solay-Levy

* En el Islam es el miembro de la mezquita responsable de convocar de viva voz a la oración desde el minarete.
** En hebreo, la palabra “ejad” significa “uno”, y “jad” significa “filoso”).

Hay cierta creencia que Jerusalem es ciudad de paz. Por lo menos, existe una tradición judía que sostiene que dentro de la palabra “Yerushalaim” “ירושלים” podemos encontrar la palabra “Shalom” “שלום” – paz. Literalmente no es así, pero la analogía es positiva y puede servirnos por lo menos de guía y/o esperanza. Esperemos que esta ciudad que es tan importante para la tradición y cultura judía – y no solamente para ella, sino para otros pueblos también – en verdad se convierta en una ciudad de paz.

Como dice el profeta Isaías:

Muchos pueblos vendrán y dirán:
¡Vengan, subamos al monte de Dios,
a la casa del Dios de Jacob!,
y nos enseñará sus caminos
y andaremos por sus sendas.
Porque de Sión saldrá la enseñanza,
de Jerusalén la palabra de Dios:
Él juzgará entre las naciones
y mediará a muchos pueblos.
Convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en hoces.
No levantará espada nación contra nación,
y nunca más aprenderán la guerra.

(Isaías 2:3-4)

Jerusalem

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