Redefiniendo lo legítimo

“En el ser, en lo que es, surgen otras formas, se establecen nuevas determinaciones. Lo que en cada momento es, no está plenamente determinado, es decir, no lo está hasta el punto de excluir el surgimiento de otras determinaciones” – Cornelius Castoriadis

Hace dos semanas se realizó en la comunidad “Ohel Abraham” de Haifa, Israel, un kabalat shabat dedicado a la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Me gustaría compartir con ustedes una serie de reflexiones que se basan en esta experiencia.

srulikorgulloRGBEn un determinado momento de los rezos, la rabina que dirigía la ceremonia invitó a todos los que quisieran decir la “bendición para el que sale del armario”[1], a acercarse al Arón Hakodesh para recitarla en conjunto. Aclaró que invitaba no solamente a aquellos que estuvieran saliendo del armario en ese preciso instante, sino también a quien todavía no había tenido la oportunidad de bendecirlo. O a quien quisiera bendecirlo una vez más. O a todo aquel que todavía tenga algún armario del cual salir.

“Bendita seas, presencia divina fuente de nuestra vida, que encomendaste “Lej lejá” (ve hacia ti) a Abraham, nuestro patriarca, y a Sara, nuestra matriarca. “Lej lejá”, ve hacia ti mismo, ve y encuéntrate a ti mismo”. Y abandonaron sus casas, la única existencia que conocían, con el objetivo de construir para sí mismos nuevas vidas, a través de un nuevo camino.

 

Dios de la creación, que renuevas cada día la creación del mundo, está conmigo ahora en mi salida al mundo en mi nuevo camino. Dios del descubrimiento, está conmigo mientras me comprometo a caminar por los senderos de mi vida como un hombre fuerte, que ama, inteligente y bello, así como me creaste.

 

Dios de la salvación, hoy salgo del armario (arón) frente al Arón Hakodesh cumpliendo con el precepto que ordenaste a nuestros patriarcas y matriarcas: “Lej lejá”, ve hacia ti mismo. Ve y encuéntrate a ti mismo. Y así lo hice. ¡Que sea con alegría, salud y bendición, lejaim! Nos alegraremos y diremos: ¡amén!”

La idea de que salir del armario es una vivencia que amerita ser bendecida me llenó de fascinación y me llevó a imaginar qué sería de nuestra sociedad si ésta fuera la concepción predominante. En efecto, ¿por qué no vamos a bendecir el encuentro con nuestra verdad? ¿No es acaso éste un motivo de alegría, de construcción, fruto de arduo trabajo interior? Entender a la salida del armario como el precepto de “Lej lejá” es un desafío no menor en las comunidades en las que vivimos. Nos confronta con estereotipos y formas obsoletas, que ya no condicen con nuestra realidad. Las comunidades tienen que poder contener los lugares de sus integrantes, tienen que ser lo suficientemente flexibles para que la forma no sea colocada en el altar, sino lo humano.

La rabina cubrió a todos con un talit y, tras haber abierto las puertas del Arón Hakodesh, dijo la bendición. A continuación, con su voz dulce y suave compartió la bendición de los Cohanim.

La interpretación de la parashá de la semana la dio un matrimonio bastante particular. Tras doce años de casados y cuatro hijos, él decide salir del armario como mujer transexual. Hoy en día siguen juntas. Comparto aquí un cuento de su autoría que nos leyeron durante el servicio:

Pamá[2]

 

A veces me pareciera
Como si los ojos de mi papá entristecidos estuvieran.
Me dicen mis compadres
Que no es ese el caso,
Que mi papá se ve como todos los padres
Que tienen preocupaciones de todo tipo y asuntos de trabajo.
Todos dicen que mi papá lo puede todo
Porque se ve fuerte y grande como un toro.

 

Pero algo en mi corazón a veces siente,
Que mi papá del resto de los padres es diferente.
Y también cuando se esfuerza e intenta de verdad sonreír,
No siempre le ha de salir.
Por eso un día quise mucho una pregunta
Realizarle a mamá en secreto.
Quise preguntarle si papá era feliz por dentro,
Y si acaso me quería como nunca.

 

Mamá me susurró que también los hombres
Que parecen por fuera grandes y enormes
Pueden sentirse a veces disconformes.
Mamá me abrazó hacia ella fuerte,
Un abrazo de esos que tan bien se siente.
Me dijo que soy una chica muy inteligente,
Que mi sentimiento era muy prudente –
Que papá tenía algo importante para contar,
Y que de hablar lo antes posible conmigo se iba a alegrar.

 

Entonces papá me contó que no recibió el cuerpo que quería.
¿La verdad…? Tampoco mamá con su cuerpo está del todo complacida,
Y ni siquiera estoy segura de que exista aquel dichoso,
Que piense que tiene un cuerpo maravilloso.
Papá me explicó que el pájaro de su alma es mujer, de hecho.
Me parece que su voz tembló cuando bajó hacia mí su mirada desde el techo.
Por un momento me callé, pero sinceramente no me importaba
Si dentro suyo el pájaro del alma que él es, pájara se llamaba.
Por mi parte – Que la llame inclusive serpiente.
¡Y me dieron ganas de gritarle a todo el mundo, sonriente,
Que de entre todos, mi papá es el más valiente!

 

Y ahora que papá el secreto me contó,
Sentí que la quiero alegrar un montón.
Le pregunté si le gustaba su nombre – Amit.
“Pensé en eso”, me respondió papá sinceramente.
“Y al final decidí que sí – Amit es tanto nombre de mujer como de hombre”, me dijo sentidamente.

 

Y sin embargo, me parece bastante extraño
Llamar a papá “papá” como antaño.
Así que pensé y durante todo el sábado busqué,
Una palabra que fuera acorde para mi papá – papá mujer.
Papita, papina, pamina, pamá –
¿Qué nombre es adecuado para mi papá?
Y de repente descubrí que una palabra había inventado –
La voy a llamar Pamá, me parece increíble.
A ver si a Pamá le gusta su nombre renovado
Cuando en silencio “Pamá” le susurre apenas audible…

 

Y cuando le susurré, temblorosamente, brillaron sus ojos.
Ya no estaban tristes.
Me miraron resplandecientes, amantes, orgullosos.
Lo principal es que no se rompa nuestro nido,
Que siempre esté completo, único y unido.

Siguiendo con las reflexiones del estilo “qué sería si…”, el cuento de Galit y Amit me hizo pensar en cuán distinto sería el lugar de la comunidad LGBT si desde niños nos leyeran cuentos como Pamá. El poder que tenemos para crear una realidad distinta reside en cómo decidimos construir los imaginarios sociales de los sectores que aún no son aceptados en su totalidad por la opinión pública. Cómo relatamos lo que somos. Si desde niños nos enseñaran que el lugar simbólico del gay, la lesbiana, el/la bisexual y el/la transexual (cómo el de tantos otros que no entran en estas categorías), es un lugar válido y legítimo, creceríamos con menos discriminación y construiríamos una sociedad más inclusiva.

Veo en la bendición para el que sale del armario y en el cuento Pamá dos claros ejemplos de cómo es posible influenciar la realidad para construir una sociedad más justa, más inclusiva y más contenedora. Una sociedad que no huya a la otredad y que deje de verla como un intruso molesto que viene a desestabilizar el orden establecido. Una sociedad más consciente de todos sus integrantes.

El desafío de crear nuevas determinaciones se refleja en éste tipo de iniciativas. Ojalá en poco tiempo pasen a ser algo tan natural que no nos llamen la atención.


[1] Del libro de plegarias de la comunidad “Shaar zahav”

[2] Galit Tzuk, Yo sólo quiero ser yo. www.ijustwannabeme.co.il / https://www.facebook.com/groups/1109292595811072/?fref=ts

Pueden contactarse al siguiente mail por cualquier consulta en relación a cuestiones de género en niños y familias: galit@ijustwannabeme.co.il

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