Orígenes – parte I

En la actualidad los términos “judío” o “judaísmo” tienen una afinidad religiosa. Esto es motivo de conflicto para el judío no observante que, al autodeterminarse como judío sin seguir lo que la “halajá” le manda a cumplir, se pregunta:  ¿cómo soy judío o pertenezco al pueblo judío y al mismo tiempo prendo fuego en shabat, mezclo carne con leche, como pan leudado en Pesaj y no ayuno en Yom kipur?, o más “grave” aún, ¿cómo puedo considerarme  judío si no creo en Dios?

La respuesta a esas cuestiones la podemos encontrar en las mismas fuentes judías, esas mismas que la ortodoxia reclama como suyas, pero que pertenecen a todo el pueblo judío. La ortodoxia no sólo reclama como suyas dichas fuentes, sino que además, pretende tener el monopolio de la definición de judaísmo y a su vez, ser ella, la única que pueda determinar quién es judío. Este monopolio aleja, en lugar de acercar, a aquéllos que no están de acuerdo con ese modus vivendi.

¿Nunca se han preguntado el origen de la palabra “judaísmo” o el origen del término “judío”?, ¿cuándo se comenzó a hablar, leer y escribir el hebreo?, ¿dónde en nuestras fuentes aparecen estos términos?, ¿qué significado tenían en el tiempo que fueron implementados?, o ¿de dónde provienen los símbolos que hasta el día de hoy vemos en el estado de Israel?

Origen del pueblo judío

Si abren el Tanaj (la Biblia) para buscar dónde aparece el término “judaísmo” – o en hebreo, yahadut – no los quiero decepcionar, pero no lo van a encontrar. La primera fuente histórica donde aparece ese término es en el segundo libro de los Macabeos[1], donde dice que la lucha de los Macabim es entre el “judaísmo” contra el “helenismo”. ¿Cuál es el contexto?

En el siglo II a.e.c Antíoco IV Epifanes – el mismo de Januka – conocido por el mundo helénico como el filo-heleno, es decir, el amante de la cultura helena, se puso como objetivo unificar su reino, política, religiosa y culturalmente; esto quiere decir que todo el imperio seléucida tenga como única cultura la helénica, y con esto, una sola religión. En Jerusalén algunos judíos estuvieron de acuerdo con las políticas de Antíoco IV, quien  apoyó y dio autorización de convertir Jerusalén en Polis griega. Incluso hubo quienes se operaron para reconstruirse el prepucio (Macabeos I 1:14-15). Por lo tanto, lo que nos cuenta el libro de Macabeos II es que el judaísmo – o la cultura judía – luchó  contra el helenismo, dicho sea de paso, contra la cultura griega.

A diferencia de esto, la palabra que sí van a encontrar es “judío” – yehudí en hebreo. La pregunta que nos hacemos es, si “judaísmo” no aparece en el Tanaj, pero cuando aparece en fuentes posteriores es en el contexto de cultura, entonces, ¿a qué se refiere cuando menciona que alguien es judío?. En el año 701, Sanjerib rey de Asiria dirigió una campaña contra el reino de Yehudá y mandó a Rabshake, uno de sus generales a Jerusalén. Éste se paró frente a la muralla a predicar en voz alta para que todo el pueblo lo escuche hablando yehudit (Reyes II 18:28); así como en Asiria se hablaba asirio, en Persia se hablaba persa y en Egipto se hablaba egipcio, en Yehudá se hablaba yehudit.

En el libro de Ester, que todos conocemos de Purim, hablan de Mordejai hayehudí y del pueblo de los yehudim. Según cuenta la meguilá, Mordejai fue exiliado de Jerusalén durante el exilio de Babilonia a principios del siglo VI a.e.c. Es decir, fue exiliado con la destrucción del reino de Yehudá (Ester 2:6, Reyes II 24:14), por lo tanto Mordejai es yehudí porque viene de Yehudá. Resumiendo de ambos ejemplos, el término yehudi o judío tiene una connotación geográfica, una persona yehudí (o yehudaí) en términos bíblicos es la persona que viene de Yehudá.

Por ende, se puede argumentar que judío es una nacionalidad: nuestras fuentes más antiguas al referirse al término yehudí lo hacen con una connotación geográfica, lingúistica, cultural, ergo, nacional.

La pregunta que nos queda por hacer es: ¿qué es judío o judaísmo en nuestros días? Según la enciclopedia Hebraica, se reconoce como nación a un grupo de personas que comparten:

  • Lengua
  • Cultura
  • Forma de vida especial
  • Espacio territorial
  • Religión

Cuando hablamos de cultura, nos referimos a valores, símbolos, ceremonias, folklore, ritos y mitos comunes, los cuales identifican a una nación. Nosotros podemos encontrar estas características en la nación judía, los cuales se han ido desarrollando  a lo largo de su historia milenaria, pero la esencia aún persiste. Vimos que los términos “judío” y “judaísmo” en sus orígenes siempre estuvieron ligados a un lugar geográfico (ya sea la tierra de Israel o el reino o provincia de Yehudá) y a una cultura, la misma que fue comparada con la cultura helénica en una época de enriquecimiento y simbiosis cultural: esta ya tenía una lengua la cual se hablaba, escribía y leía desde – por lo menos – el siglo X a.e.c[2].

En nuestros días la religión es para muchos el único parámetro para definir la pertenencia al pueblo judío, dejando de lado las demás características, las cuales son fundamentales y acompañaron al pueblo judío desde sus inicios. Los procesos de conversión son un ejemplo de ello. Rut, la “primera conversa”, le dijo a Noemi, su suegra: “Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi dios”[3] (Rut 1:16) de esto entendemos que la decisión de Rut fue formar parte de la nación judía y de la religión judía, poniendo antes la pertenencia al pueblo y después la pertenencia religiosa.

Para concluir, basándonos en el hecho del surgimiento de la palabra yehudí, la historia de Mordejai y Meguilat Rut, el ser judío no es observar la halajá, ésta, es parte de un todo, que es, la cultura judía, legado de la nación judía. Los procesos de secularización  que comenzaron a finales del siglo XVIII y principios del XIX disminuyeron la influencia de la religión como único factor que une a los pueblos y naciones. En paralelo a este proceso, nacieron los movimientos nacionalistas, que retomaron los distintos factores que definen una nación. Ejemplo de ellos es el Sionismo, que retomó el idioma hebreo, volvió a su tierra – la Tierra de Israel, renació la cultura hebrea: literatura, música, teatro y cine; que están empapados de esa milenaria historia ininterrumpida hace más de 3000 años.


[1] Existen cuatro diferentes libros de los llamados Macabeos, cada uno escrito en diferentes lugares, con objetivos distintos. Los famosos son los dos primeros. El primer libro fue escrito en la Tierra de Israel, tal vez por algún escriba de alguno de los reyes de la dinastía Hashmonaí, y habla sobre las razones de la rebelión macabea, del desarrollo de ésta, de cómo se reconquista Jerusalén y a partir de la conquista, cómo comienza la dinastía Hashmonaí. El segundo fue escrito en Alejandría, Egipto, y es posterior al primer libro (algunos historiadores le dan la primogenitura a éste). No es una continuación, sino que cuenta desde un punto de vista distinto dicha rebelión, con los ojos de un judío que vive en la diáspora (sí, en esa época ya había diáspora).

[2] Y hablando de textos hebreos antiguos, en 1908, en un sitio arqueológico llamado Gezer fue encontrado un calendario agrícola que data del siglo 10 a.e.c. y habla de los meses del año – calendario lunar –  y el ciclo agrícola de éstos. Es el texto hebreo más antiguo encontrado y es llamado “el calendario de Gezer“. En él está escrito: “Dos meses de Asif (recolección) – dos meses de siembra – dos meses de siembra tardía – un mes de cosecha de lino – un mes de siega de cebada – un mes de final de la cosecha – dos meses de cosecha de uva – un mes de verano”.

[3] En hebreo está escrito “עַמֵּךְ עַמִּי וֵאלֹהַיִךְ אֱלֹהָ” la palabra “עם” (= pueblo). En el libro de los proverbios es paralela a la palabra nación: ” בְּרָב-עָם הַדְרַת-מֶלֶךְ; וּבְאֶפֶס לְאֹם, מְחִתַּת רָזוֹן” (= “en la multitud de pueblo es la gloria del rey, en la falta de nación es la ruina del príncipe), de aquí se entiende por la palabra “pueblo” que es paralela a “nación”.

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