Dilemas de una visita a Polonia

No veo la miseria que hay, sino la belleza que aun queda

Ana Frank

Polonia no es un país normal. Es decir, no para los judíos: si a cualquier país uno viaja a conocer culturas, personas y lugares, a Polonia uno llega a un paseo de destrucción y de muerte. Estos dos factores son fundamentales para el estudio de la Shoá, ya sea presencial en Varsovia, por ejemplo, o explicativo, en un aula en cualquier lugar del mundo. Muerte de los judíos europeos, y destrucción de lo judío europeo. Una diferencia pequeña en cuanto a la sintaxis, pero enorme en cuanto a su significado. Los nazis no solo destruyeron a seis millones de judíos, sino que intentaron cortar de raíz toda una cultura que llevaba más de 700 años echando raíces en el continente.

Entrada a Birkenau

Entrada a Birkenau

El equilibrio entre estos dos conceptos es el primer dilema con el que uno se topa al llegar a Polonia. ¿Que priorizar? ¿La visita a un antiguo barrio judío o a un ghetto? ¿Una floreciente sinagoga de principios de siglo XX o las cámaras de gas de Birkenau? Encontrar ese equilibrio es la clave: de nada sirve ver la muerte si no se comprende que fue lo que se murió, y de nada sirve ver esa cultura sin saber cuál fue su destino final.

¿Por qué Auschwitz-Birkenau es el lugar más esperado del viaje?, ¿qué es lo que genera que el día central del viaje sea aquel en que uno se enfrenta a las barracas, las cámaras de gas y a los crematorios? Tal vez sea necesario ver ese horror para comprender que lo que sucedió en Europa en pleno siglo XX es real; es posible que haya que ver con los propios ojos esa película de terror que a cualquier niño judío le cuentan desde pequeño. ¿Es posible un viaje a las raíces judías en Polonia sin ver muerte? Esa historia no sería real, al fin y al cabo lo que genera el interés por visitar en Cracovia un cementerio del siglo XVI es saber que todo eso tuvo un punto final, que volver a revivir toda esa cultura ya no es posible.

Entrada al ghetto de Cracovia

Entrada al ghetto de Cracovia

En terrenos del campo de concentración de Plaszow hoy hay un centro comercial. Las ventanas traseras de las casas del pueblo de Oswiecim tienen vista privilegiada a las barracas de Birkenau. En Majdanek los lugareños pasean a sus perros y se acuestan al sol los días de verano. ¿Eso significa que los polacos se olvidaron de la Shoá, que no les importa? ¿Hasta que punto un país se puede detener en el tiempo? Polonia se ve a si misma tan víctima de los nazis como los judíos. ¿Comiendo en el McDonalds de Plaszow se están faltando el respeto a si mismos?, ¿cómo puede ser posible que el antiguo ghetto sea hoy un barrio común y corriente?.

¿Por qué visitar Polonia y no Alemania? Al fin y al cabo, los alemanes fueron los culpables de la Shoá. Todos los alemanes, sin excepción. ¿Y los Justos entre las Naciones? Ellos no, ellos salvaron judíos. ¿Y los que no hicieron nada?, ¿de que lado ubicarlos? Esa es una constante pregunta en el estudio de la Shoá. Uno puede decidir no hacer nada, pero en el momento en que un judío le toca la puerta de su casa o de su conciencia buscando ayuda, el papel neutral ya es imposible, y necesariamente tiene que ponerse en el papel de víctima o de victimario.

Inscripción en una pared de Auschwitz

Inscripción en una pared de Auschwitz

¿Cómo pasó?, ¿cómo se pensó y construyó tal industria de la muerte? Según los nazis, nadie fue culpable de nada: “yo simplemente empujaba a los judíos dentro de esa habitación, nada más”, “yo simplemente echaba Zyklon B por ese agujero, nada más”, “yo simplemente dirigía el campo de Auschwitz-Birkenau, nada más”. Un modelo fordista; una cinta de producción perfectamente diseñada para exterminar personas en masa sin que nadie se sienta responsable. Cuando nadie se hace cargo de algo, es porque todos tienen la culpa.

Mientras uno más estudia la Shoá, menos la entiende. ¿No tendría que ser al revés? Los nazis no eran enfermos, ni monstruos, ni desquiciados, ni locos. Fueron personas de carne y hueso, con cerebro y conciencia: seres humanos. Creer que la Shoá es inhumana es incorrecto. En esto sí que no hay dilema alguno, incluso es la única certeza desde la llegada a Polonia: la Shoá es bien humana, y eso es lo aterrador.

Fragmento del libro de nombres de víctimas judías de la Shoá, en el museo de Auschwitz

Fragmento del libro de nombres de víctimas judías de la Shoá, en el museo de Auschwitz

Editor de MAKEVET.

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