Todo es política. Esta frase muchas veces resume o da respuesta a varias situaciones, ya sean sencillas o complejas, sobre las relaciones entre distintas personas o ideas. Cuando nos preguntamos cómo debería escribirse el sobrenombre de los héroes de Januca, Makabeos o Macabeos – מקבים או מכבים, no es sólo una cuestión ortográfica, sino que la respuesta incluye todo un debate ideológico que empezó hace más de 2000 años y sigue hasta hoy en día.

Existen dos narrativas distintas sobre la festividad de Januca. Uno de los libros apócrifos que no entró al canon bíblico judío es el libro de los Makabeos. Este libro fue escrito por escribas cercanos a la familia hashmonea, o también conocida como los Makabeos. Según dicho libro, la festividad de Januka es por el triunfo del ejército de Yehuda, hijo de Matityahu HaCohen de Modiin, en contra del ejército griego de Antíoco Epifanes, rey de la dinastía seléucida. En sí, el festejo es porque Yehuda liberó el Templo de Jerusalem y a la ciudad de mano de los griegos y de los judíos helenizados. Él y sus hermanos fijaron una festividad de 8 días, la cual se festejaría cada año el 25 de Kislev.

Matityahu, según nos relata el libro de los Makabeos, tenía 5 hijos:

“Yojanan, de sobrenombre Gadí, Shimon, al que llamaban Tarsí, Yehuda, al que le decían Makabeo, Eleazar, llamado Jorán, y Jonatán, de sobrenombre Jafús.”

1 Makabeos 2:2-5

El sobrenombre que recibe Yehuda fue dado por el arma que él usaba, que era un martillo, en hebreo llamado Makevet (מקבת). De esta forma, siendo Yehuda el líder de la rebelión, sus hermanos y el ejército recibió el sobrenombre de los Makabeos. Después de la conquista de Jerusalem y la inauguración del altar y del Templo, la guerra continuó 20 años más. Fue en el año 142 que terminó la guerra contra los griegos, y Shimon, el último sobreviviente de los hermanos, declaró al Reino Yehuda como independiente, siendo nombrado él como Nassi y Cohen Gadol.

En la Mishná y el Talmud no hay ninguna referencia, ni siquiera mínima, de una guerra que duró más de 20 años contra los griegos. No recuerda que después de dicha guerra se levantó de vuelta el Reino de Yehuda, habiendo así soberanía judía en la Tierra de Israel después de más de 400 años de sometimiento a otros pueblos: primero a los babilonios, después a los persas y por último a los griegos. La victoria hashmonea significó la independencia judía en la Tierra de Israel después de siglos, y la literatura rabínica ni la menciona. En cambio nos cuenta sobre un milagro:

“¿Qué es Januka? Enseñaron nuestros sabios que el 25 de Kislev y que los ocho días de Januka no son de duelo o para atormentarse. Cuando entraron los griegos al Templo impurificaron todos los aceites que había, y cuando triunfó el reino Hashmoneo y los derrotó [a los griegos] buscaron y no encontraron, sino una jarra de aceite que tenía el sello del Cohen HaGadol y no era suficiente sino para un día. Sucedió un milagro y prendieron de él [aceite] ocho días. Para el siguiente año fijaron e hicieron días de fiesta de ensalzamiento y agradecimiento”

Bavli Shabat 21b

De la misma forma, vemos que en los rezos para la festividad de Januka fijados durante la época rabínica hablan del milagro que Dios hizo a su pueblo: “Encendemos estas luminarias por los milagros y las maravillas, por la redención y las batallas que hiciste por nuestros patriarcas, en aquellos días en ésta época.” (Bendición al encendido de las velas de la Janukia). Según estos textos, quien hizo milagros y luchó las batallas fue Dios, no Yehuda y sus hermanos. El milagro de Januka es comparado a uno de los milagros más grandes en la tradición judía: el cruce del Mar Rojo durante la salida de Egipto. En el canto de agradecimiento a Dios al salir después de haber cruzado el mar encontramos la famosa frase: “¿Quién como tú entre los Dioses?” (Shemot 15:11) o en hebreo “מי כמוך באלים יהוה” y en siglas solamente מכבי – Macabi. La tradición judía tomó el término Makabi (por Yehuda Hamakabí) y le sacó el elemento bélico y lo redefinió como un motivo religioso. Su nombre ya no sería Makabi por el arma que usaba el líder de la rebelión, sino Macabi, por los milagros que hizo Dios a su pueblo.

A pesar de ser un libro judío y de haber sido escrito originalmente en hebreo, el libro de los makabeos solamente fue canonizado por los cristianos, y se conservó en griego como parte del Viejo Testamento cristiano. Esa es la razón por la cual fue olvidado de la memoria colectiva judía por siglos, y con él también la narrativa que éste cuenta sobre Januka. La tradición rabínica de la Mishná y del Talmud fue la que se conservó. Después de las fuertes derrotas militares, la del año 70 e.c. con la destrucción del Segundo Templo, y la del año 135 e.c. de Bar Kojba, el liderazgo rabínico prefirió dejar a un lado toda esperanza militar y sueños de independencia y sólo adjudicar milagros a Dios. Aunado a esto se sabe de muchas diferencias ideológicas entre la clase rabínica y los descendientes de los gobernantes hashmoneos.

Estas dos concepciones -la secular frente a la religiosa- siguen en choque hasta hoy con la creación del Estado de Israel. En los años 30 del siglo pasado el escritor y poeta Aharon Zeev escribió una canción de Januka empapada del auge sionista y espíritu de lucha:

“Un milagro no nos sucedió –
Una vasija de aceite no encontramos.
Al valle fuimos, la montaña subimos,
Los manantiales de luz
Los más secretos encontramos.
Un milagro no nos sucedió –
Una vasija de aceite no encontramos.
En la roca cavamos hasta sangrar –
¡Y hubo luz!”

Es por esto que cuando surge la duda si acerca de si escribir Makabí o Macabí, la respuesta es mucho más compleja que sólo una corrección ortográfica o de transliteración del hebreo al español. La respuesta incluye toda una concepción ideológica, nacional y religiosa. En una se hace hincapié al triunfo armado, a la batalla de los Hashmonaim en contra de los griegos, y en el segundo se le atribuye a Dios el milagro de la liberación.

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