El cristal de la historia: Yosef ben Matitiahu (Flavio Josefo) | 7° vela de Januca

Todo depende del cristal con que se mire. Esa frase me fue enseñada desde chico para expresar que las cosas son relativas, para enfatizar las diferencias que hay en las distintas perspectivas que puede haber en las personas al momento de opinar sobre algo. Diciendo con otras palabras, esa frase nos muestra lo subjetivo y lo tendencioso que puede ser el juicio de una persona sobre algo o alguien.

¿Traidor o patriota? Esa es una de las preguntas que la gente, los que conocen la vida de Yosef ben Matitiahu (Flavio Josefo) se hace. Este personaje vivió en épocas de cambio, de diferencias ideológicas y de extremos, tiempos de guerra. De hecho, es posible que haya vivido en los años más significativos de la historia del pueblo judío. Y no solamente que vivió en dicha época, sino que fue testigo vidente de uno de los episodios que marcaron un antes y un después en las crónicas del pueblo de Israel.

Yosef ben Matitiahu (Flavio Josefo), 37 e.c. – 100 e.c.

Yosef ben Matitiahu nació de una familia de cohanim en Jerusalem en el año 38 d.e.c. Toda su niñez y juventud las vivió en la época de mayor esplendor de la ciudad, y perteneciendo a una familia de sacerdotes, podemos entender que siempre fue parte de la elite jerosolimitana de su época, recibiendo educación según las perspectivas fariseas. A sus 28 años –en el año 66– irrumpe la gran rebelión judía contra los romanos. El joven sacerdote es enviado al norte de Judea como comandante de todo el Galil. Lo primero que hizo fue fortificar las principales ciudades del norte, ya que esa era la puerta de entrada de la Tierra de Israel.

Los romanos, comandados por Vespasiano y su hijo Tito, comenzaron a apagar la rebelión desde el norte en lugar de llegar directo a Jerusalem, el foco principal de la rebelión. Fueron de ciudad en ciudad destruyendo todo indicio de rebelión, ya sean ciudades pequeñas o grandes. De esta forma Ben Matitiahu se vio obligado a moverse de ciudad en ciudad, hasta llegar a Yodfat, a unos 22 kilómetros al sudeste de Akko. La ciudad de Yodfat fue sitiada por los romanos durante semanas. Los soldados comandados por Ben Matitiahu lograron resistir el sitio por 47 días, hasta que el ejército de Vespasiano irrumpió las murallas de la ciudad, destruyendo, matando y quemando todo lo que había a su paso. El comandante y cuarenta de sus soldados huyeron a un pozo para no ser apresados por el enemigo. Estando en el pozo con aquellos hombres se enfrentó al momento más desafiante de toda su vida. Los romanos lo querían apresar como uno de los comandantes de la rebelión. Sus soldados, viendo en él que estaba a punto de rendirse y entregarse, lo acorralaron con sus espadas desnudas a punto de quitarle la vida. En ese momento, con voz de mando, les dijo a los soldados que como todos iban a morir –para evitar ser masacrados por el enemigo– que tirarían suertes y así por orden cada hombre matará a su compañero. De esta forma nadie cometería suicidio –el cual está prohibido por la ley judía– y por el otro lado no caerían en manos del enemigo. Ben Matitiahu quedó último junto a otro soldado: el primero convenció al segundo que era mejor vivir que morir, y de esta forma ambos salieron y se entregaron a los romanos. Yosef Ben Matititahu no salió con vida por gracia divina, sino logró manejar la situación y llevar a cabo lo que hoy se conoce como el problema de Josefo[1].

Al entregarse, el comandante del Galil pidió hablar con el general romano, Vespasiano, antes que este último lo ejecute. Al encontrarse Ben Matitiahu, lo llamó emperador romano y le dijo que pronto lo verá como el próximo César. Las palabras agradaron a Vespasiano, por lo tanto no lo ejecutó, mas tampoco lo liberó. Al cabo de un año, el General Flavio Vespasiano fue nombrado César, su hijo Tito se convirtió en general del ejército romano en la guerra contra los judíos, y Yosef Ben Matitiahu fue adoptado por el emperador, liberándolo del cautiverio y otorgándole su nombre, llamándolo Flavio Josefo.

Josefo permaneció toda la guerra en el campamento romano a lado del general Tito, hasta el año 70 que cayó Jerusalem y fue destruido el Gran Templo. Él fue testigo de los últimos tres años de la guerra desde la perspectiva del ejército vencedor, siendo parte del pueblo vencido. Al terminar la guerra Flavio Josefo se fue a Roma con sus nuevos patrones, los máximos gobernantes del imperio romano. Según él da a entender, los favores dados por Vespasiano, fueron gracias a que él fue el primero en profetizar su escalada al trono del imperio. Favorecido por la familia Flaviana, dedicó sus siguientes años de vida a escribir. Escribió cuatro libros, los cuatro en griego y dirigidos a público gentil no judío.

El primer libro que escribió fue “La guerra de los Judíos contra las Romanos”, o en su nombre más conocido y corto “Las guerras de los judíos”. En este primer libro –que también fue su más grande obra– relata desde la época de los Hashmonaim y la guerra de los Macabeos contra los griegos, hasta la caída del templo en el año 70 y la caída de Metzadá como último foco de la rebelión en el año 73 de la era común.

El segundo libro que escribió fue “Antigüedades judías”. Libro escrito en griego y al estilo clásico de escritores griegos, en el que relata desde la creación del mundo según Bereshit, siguiendo todo el relato bíblico, hasta el siglo I de la era común, cuando comienza la gran rebelión. En este libro, el cual fue dirigido a público no judío, Josefo desea expresar lo ancestral que es el pueblo judío, contando cuáles son sus orígenes. Él intenta resaltar por un lado las grandezas de su pueblo, como el sufrimiento que ha vivido desde sus inicios.

“La vida de Josefo” fue su tercer libro. Éste es más un libro apologético donde Flavio Josefo escribe en defensa propia, contra las acusaciones de otro historiador judío, Justo de Tiberias. Este último lo criticó en su función como comandante del Galil durante la gran rebelión, acusándolo por la derrota. Al parecer las acusaciones de Justo eran lo suficientemente serias, y llevaron a Josefo a escribir un libro en defensa propia.

El último libro se llama “Contra Apión”, también conocido “Sobre la antigüedad de los judíos”. En este libro responde a un grupo de intelectuales griegos en Alejandría, y en principio a un gramático egipcio llamado Apión. Josefo defiende al pueblo judío en contra de las difamaciones y críticas de este grupo intelectual.

Es difícil juzgar quien era Yosef Ben Matitiahu o Flavio Josefo. Si era un traidor o no. Nos podemos imaginar que él mismo vivió con esa carga toda su vida. Él escribe en su libro “Las guerras de los judíos”, cuando está por relatar lo que sucedió en aquel pozo, antes de que se maten sus soldados entre ellos:

“Pues te pareció a ti, criador de todas las cosas, echar a tierra y deshacer el estado y cosas de los judíos, pasándose la fortuna del todo y por todo a los romanos, y has elegido a mí para que diga lo que ha de acontecer, yo me sujeto de voluntad propia a los romanos, y quiero vivir y te pongo, Oh Dios, por testigo, que quiero parecer delante de ellos, no como traidor, sino como sirviente tuyo”

(La Guerra de los Judíos 3, 354)

Al parecer, él mismo sabía que lo que hizo en aquel pozo estuvo mal, y que fue un verdadero acto de traición. De hecho en la cita arriba –escrita por el mismo Flavio Josefo– intenta justificar lo que parece ser injustificable. Por otro lado, también vemos que hasta el final de sus días no dejó de luchar. No luchó precisamente en el campo de batalla como un jinete empuñando su espada, sino empuñando su pluma como arma y el pergamino como trinchera. Todas sus obras fueron dedicadas a su propio pueblo, al mismo que él traicionó y vio caer con ojos de triunfador, pero que en verdad, nunca dejó sentir su pertenencia a él ni de sufrir sus sufrimientos. Flavio Josefo nunca dejó de verse como comandante del Galil, hecho que siempre recordó y escribió en todas sus obras. Él decidió seguir luchando por el pueblo judío en el mundo intelectual griego y enfatizar la grandeza de su pueblo, ya sea por la necesidad de limpiar su conciencia por la traición cometida, o porque lo vio como la necesidad del momento aprovechando su lugar en la Corte Real.


[1] http://www.matematicainteractiva.com/problema-de-flavio-josefo

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