Lo sionista que hay en Freud

Mucho se ha hablado de la conexión de Sigmund Freud con el judaísmo. Al padre del psicoanálisis le ha tocado vivir en pleno auge del movimiento sionista. ¿Qué opinaba realmente sobre el sueño judío de obtener un estado independiente?

La relación entre Sigmund Freud y el judaísmo siempre produjo todo tipo de reacciones: entiéndase buenas, aunque en su mayoría malas. El maestro del psicoanálisis fue tildado desde admirador de Mussolini hasta homofóbico, incluyendo misógino y avaro. Su famosa empresa llamada psicoanálisis fue tildada por los nazis de “ciencia judía”, “ciencia burguesa” por los estalinistas y “ciencia satánica” por los movimientos religiosos. Toda crítica violenta y no violenta siempre en algún punto tocaba su lado judío o su conexión con este. Freud siempre coqueteó con el judaísmo y el sionismo, es decir, con la idea de la creación de un Estado Judío, pero fiel a su estilo y a su manera de pensar, dicha relación fue “complicada”.

Hay que señalar un dato muy importante y poco conocido. Desde 1925 Freud era miembro del consejo de administración de la Universidad de Jerusalem, en parte gracias a Jaim Weizmann, promotor de la enseñanza oficial del psicoanálisis en Israel. Este dato no es menor, ya que muestra la conexión y la identificación activa que llegó a tener Freud con el movimiento sionista, aunque esa identificación tuvo sus matices, sus claros y sus oscuros (como cualquier relación que involucra un grado de identificación personal con un movimiento político). También es cierto que la relación con un movimiento el cual (como el mismísimo Freud) tuvo sus grandes episodios polémicos requiere de un constante posicionamiento y re-posicionamiento, una constante elección y re-elección de pertenencia, como así también un constante examen propio y colectivo, tanto moral como ético. Todo esto, se verá resumido en una cita extraída de las correspondencias de Freud.

En una carta del 26 de febrero de 1930 Freud escribe:

Freud siempre coqueteó con el judaísmo y el sionismo, es decir, con la idea de la creación de un Estado Judío, pero fiel a su estilo y a su manera de pensar, dicha relación fue “complicada”.

“…estoy orgulloso de nuestra Universidad de Jerusalem y me alegro de la prosperidad de que gozan los poblados de nuestros colonos. Pero, por otra parte, no creo que Palestina pueda llegar a ser nunca un Estado Judío, ni que el mundo cristiano, como tampoco el mundo islámico, este dispuesto algún día a poner los Santos Lugares bajo la custodia de los judíos. Más sensato me parecería fundar una patria judía en un suelo con menos peso histórico…”.

Una pequeña cita de la cual se desprenden múltiples conclusiones. En primer lugar, el orgullo de un gran logro: la realización de la universidad judía. Y este orgullo es seguido de la alegría por el aumento demográfico en dicha zona, pero inmediatamente, como en buen psicoanalista y en un buen profesional de mente crítica, se produce el conflicto. Conflicto que hace su aparición por medio de la desconfianza, ya que no creía posible la creación de un Estado Judío en semejante pedazo de tierra, la cual poseía, según su punto de vista, una carga religiosa e histórica exageradamente densa, difícilmente apropiable. El conflicto viene al momento, en el cual el maestro del psicoanálisis demuestra su reticencia a lo religioso lo cual, dicho sea de paso, es harto conocido gracias a sus referencias casi constantes a lo largo de sus correspondencias (en la misma carta llama al Kotel, lugar que porta una gran simbología tanto nacional como religiosa para la casi totalidad del pueblo judío, “Muralla de Herodes”, quitándole así su gran significado simbólico). Al final viene la esperanza. Esperanza y deseo de fundar una patria judía donde sea, sin la necesidad de estar, literalmente, dependientes de las raíces de gran peso simbólico y compartidas con otras culturas. Según Freud, a lo largo de la historia estas culturas habían sufrido una especie de entrecruzamiento casi letal, coincidiendo por momentos y enfrentándose en otros. Se habían convertido en los famosos tallos que son llamados “rizomas” (tallos subterráneos que crecen indefinidamente y en el curso de los años mueren las partes más viejas pero cada año producen nuevos brotes, de ese modo pueden cubrir grandes áreas de terreno).

Freud, en 1885

En otras palabras, Freud anhelaba la creación de un Estado Judío coincidiendo en ese sentido con el movimiento sionista. Al mismo tiempo, sentía un rechazo casi letal y pronunciado hacia todo lo que se podría llamar “peso histórico”, por el cual estaba dispuesto a aceptar cualquier otro lugar que no sea “la tierra prometida”. En otra carta escrita por Freud a Albert Einstein, el psicoanalista se declara escéptico de la creación de un estado judío en Palestina y al mismo tiempo expresa un orgullo hacia los kibutzim, afirmaba estar detestado por la religión y muestra su solidaridad con el sionismo.

“No estoy seguro de que su opinión, que considera al psicoanálisis un proyecto directo de la mente judía, sea correcta, mas, si así fuese, tal hecho no me avergonzaría. Aunque hace mucho tiempo que estoy separado de la religión de mis antecesores, nunca he perdido el sentimiento de solidaridad con mi pueblo y me percato con satisfacción de que se considera usted discípulo de un hombre de mi raza: el gran Lombrosco.”

[Freud] sentía un rechazo casi letal y pronunciado hacia todo lo que se podría llamar “peso histórico”, por el cual estaba dispuesto a aceptar cualquier otro lugar que no sea “la tierra prometida”.

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