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Entre Moshé, Bat-Paró y la Ley Yad Vashem de 1953 – Parashat Shemot

Escribe Jessica Samban*

18 enero, 2020

El libro de Shemot es el paso de un libro de cantidad de individuos, a un libro de una nación que emerge en medio del estado de esclavitud continua, sin esperanzas… un extraño en la tierra que no es para él. Una minoría que crece lentamente y se torna en odiada. Y también hay una solución final… ¿suena conocido?

Shemot (Éxodo 1:1 – 6:1) es la primera de las parashot hashavua del libro de Éxodo:

"Estos son los nombres de los hijos de Israel que vinieron a Egipto, con Yaakov, cada hombre con su casa vinieron"

Éxodo 1:1

Una vez, los hijos de Israel que emigraron de la tierra de Cnaan tuvieron nombres, ¿y hoy? Una colección de esclavos sin identidad. El episodio de esta semana nos arroja profundamente y sin demasiada preparación en el terrible barro de los hebreos en Egipto – «Esclavizaron los egipcios a los hijos de Israel con dureza» (1:13).

Pero en medio del caos de la dura esclavitud nos acompañan algunos puntos de luz importantes: las parteras hebreas -Shifrá y Puá-, en un acto moral decisivo, se rebelan contra el decreto del faraón de matar a los hijos del pueblo de Israel que nacieran.

En nuestro episodio nace un bebé y llena la casa de luz, pero no por mucho tiempo. Su madre se ve obligada a introducirlo en una canasta y dejarlo en el río, intentando así salvarlo. Aquí también, en otro acto valiente y ético, la hija del faraón ayuda al niño hebreo rescatándolo de las aguas, y le da su nombre: Moshé.

Las historias de Moshé comienzan a describirse en detalle en este episodio, desde sus encuentros con injusticias en Egipto, hasta su escape y su matrimonio con Tzipora. El motivo de la luz continúa con nosotros mediante la aparición de la zarza ardiente en la que Moshé vivencia una revelación divina y asume el papel desafiante de salvar a las personas que claman por la libertad.

El libro de Shemot es el paso de un libro de cantidad de individuos, a un libro de una nación que emerge en medio del estado de esclavitud continua, sin esperanzas… un extraño en la tierra que no es para él. Una minoría que crece lentamente y se torna en odiada. Y también hay una solución final… ¿suena conocido?

En 1953, varios miles de años después del rescate de Moshé, se aprobó la Ley Yad Vashem. Según ella, el título «Justos entre las Naciones» se otorga a quienes rescataron a judíos durante la Shoá, cumpliendo con estos tres criterios: no ser judío, salvar a un judío aunque se corrían riesgos personales, y no haber recibido compensación alguna.

El rescate de Moshé por parte de la hija del faraón posiciona a ésta última en línea con los Justos entre las Naciones (rescató a un niño judío desafiando las órdenes del faraón y sin ser recompensada por ello). Estudios que intentaron examinar las características de las personas que salvaron a los judíos durante la Shoá descubrieron que tenían la capacidad de empatizar con quienes sufren, de ser empáticos con el injusto sufrimiento de otros. Igual que la hija del faraón que era compasiva y expresó empatía por el bebé en la canasta. Tanto la hija del faraón como los Justos entre las Naciones fueron excepcionales durante su tiempo, cuando la mayoría se hizo a un lado y fueron indiferentes al destino de los perseguidos.

Más adelante en el capítulo el escritor nos cuenta sobre Moshé, que no podía quedarse a un lado cuando «vio un hombre egipcio golpeando a un hombre hebreo de sus hermanos» (2:11) y al día siguiente cuando fue testigo de «dos hombres hebreos riñendo» (2:13). Por lo tanto, resulta que la naturaleza humana no ha cambiado con los años, el mundo se divide en «malos», «buenos» y una mayoría que decide apartarse.

¿Qué esfuerzos estamos dispuestos a reconocer en los otros?, ¿los reconoceremos en todos por igual?

*Acerca de Jessica Samban