Parashat Behar (Vaikrá 25:1-26:2)

La perashá de esta semana (parte semanal de la Torá que se lee semanalmente) es del libro de Vaikrá (Levítico), el tercer libro de la Torá.

En una sociedad agrícola como fue el pueblo de Israel en su pasado, el status de la persona se medía por sus tierras. Al entrar el pueblo de Israel a la Tierra de Cnaan (la Tierra de Israel), ésta fue dividida entre las tribus y posteriormente se repartió una porción de tierra por familia. Esta semana, la perashá habla de leyes que conciernen a la posesión de tierras, venta y compra de éstas, así como leyes en relación al pobre, esclavo y amo.

Igualdad de oportunidades

El pueblo de Israel está obligado a dejar descansar la tierra el séptimo año (Shnat Shmitá), es decir, no debe trabajarla durante todo ese año. Aunado a los ciclos de siete años, se han de contar siete ciclos de siete años culminando con el año 50, el año de Yobel (Jubileo). Este año, como dice en la perashá: “Y santificarán el año cincuenta y proclamaréis libertad en la tierra para todos sus habitantes. Jubileo será para ustedes y volverá cada hombre a su (porción de) tierra y cada hombre a su familia volverá” (Vaikrá 25:10). Las 12 tribus de Israel - Territorio

Como se mencionó arriba, en un comienzo todas las familias de Israel comenzaron cada una con su porción de tierra.
La Torá habla en cuestión de la persona que empobreció y se vio obligado a vender parte o todas sus tierras a su prójimo, quedándose de esta forma sin propiedad y sin herencia para su familia. El año del Jubileo viene a proclamar un nuevo inicio, la familia que vendió sus tierras la podrá recibir de vuelta en el año del Jubileo, para poder así dar herencia a sus descendientes y que éstos puedan tener heredad, y de esta forma es evitada una cadena de pobreza sin fin. En los ciclos de años bíblicos, 40 años son una generación, así que todo hombre joven que vendió su tierra, al envejecer podrá heredar a sus hijos una porción de tierra para trabajar, o si un padre perdió sus tierras, a sus hijos se les da una nueva oportunidad.

No hay esclavitud eterna

En caso que empobreciere un hombre y se ve en la necesidad de entregarse a su hermano como esclavo, “como asalariado estará contigo y hasta el jubileo trabajará contigo” (40). En otras palabras, no has de esclavizarlo eternamente y como dice del año del jubileo “proclamaréis libertad en la tierra… y cada hombre a su familia volverá” (10). “Estará contigo”, dice el midrash, “estará contigo al comer, al tomar, que no sea que el amo coma pan limpio y el esclavo podrido, o tomas vino añejado (bueno) y él toma vino nuevo, y tu duermes en almohadones y él sobre paja” (Safra Behar 5-6).

“Y lo sostendrás” 

“Si tu hermano empobreciere y lo sostendrás, forastero y residente y vivirá contigo” (35). Hay quienes interpretan la expresión “y lo sostendrás” diciendo que tenemos que evitar que caiga en la pobreza completamente, ya que más adelante será más difícil levantarlo. Rashi da un ejemplo con un asno que está cayendo: si una persona lo sostiene no va a caer, pero si cae no serán suficientes 5 personas para levantarlo. De esta forma nos habla el judaísmo de la ayuda al prójimo, y no solamente nos dice que tenemos que ayudarlo, sino evitar que caiga, hay que prevenirlo para que sea más fácil ayudarlo más adelante.

¿Y si el esclavo no es hebreo?

Las leyes mencionadas en la perashá son relevantes al esclavo hebreo. Cuando se habla del esclavo de otros pueblos no aplica el año del Jubileo. El Rambam dice que de todas formas, aunque el texto no habla de derechos especiales hacia el esclavo no hebreo, afirma que debemos relacionarnos a él con piedad, no reprimirlo, hablarle correctamente, alimentarlo y darle buenas condiciones. Subrayando que el pueblo de Israel tiene que ser un pueblo justo y que debemos ser piadosos y perseguir la justicia.

Esclavos del tiempo

Cuando la Torá habla de que no debemos esclavizar eternamente al prójimo, lo justifica diciendo que no somos esclavos del hombre, sino esclavos de Dios (42). Rabi Yehuda Halevi escribió un poema que dice: “Esclavos del tiempo son esclavos de esclavos, el esclavo de Dios es libre”. El Profesor Yaakov Malkhin, uno de los líderes del judaísmo secular, dice que el hombre por naturaleza tiene la necesidad de creer, de tener fe, ya sea fe en Dios, o fe en las personas. La fe es algo personal, que se conecta con nuestro interior y en la mayoría de los casos marca nuestras acciones. “Esclavos del tiempo” es la gente que está todo el tiempo bajo una rutina, que no se detiene y está todo el tiempo pendiente de los minutos del reloj y no son dueños de su tiempo, son “esclavos de esclavos”, pero las personas que son esclavos de su fe, son esclavos de lo que creen, son libres, podrán tomar decisiones por ellos mismos según el camino que crean correcto.

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