Anselmo, el padre de Saúl, además de haber heredado un pésimo gusto para los nombres, también había heredado una leve dislexia. Aunque este trastorno pasaba casi inadvertido, sus alteraciones en el habla se hacían más evidentes cuando, entre pausas y confusiones, Anselmo regañaba a su hijo. Saúl se reía del pobre padre que, ante la impotencia de no poder recurrir al lenguaje hablado, recurría al de los golpes, en el que al parecer la dislexia no es un inconveniente.The Praying Jew - Marc Chagall

Cuando Saúl cumplió trece años, Anselmo sacó a relucir su orgullo paterno y su chequera y consiguió la mejor sinagoga para que su hijo celebrara el Bar Mitzvá. Vestidos de gala, los invitados llegaron al lugar y buscaron ansiosos las posiciones más cómodas para ver al pequeño Saulito leer la Torá por primera vez. Anselmo, por ser el padre, sería el encargado de cumplir con la tradición de pasear la Torá por el templo, de colocarla sobre el atril y pronunciar las bendiciones necesarias, sin las cuales la lectura estaría prohibida. Entre los familiares que saludaban a la Torá estaban los que creían que el saludo consistía en besarse la mano para luego tocar la funda de la Torá, y estaban los que creían que primero debían tocar la funda para luego besarse la mano; de todas formas, el paseo de los rollos fue agradable y luego todos rodearon a Anselmo para saludar las escrituras.

Y en un momento sucedió que hasta el más sordo de los abuelos de Saúl pudo darse cuenta de que algo andaba mal con Anselmo, quien leía la bendición una y otra vez sin llegar a pronunciar las palabras en el orden correcto. Cuando todos empezaron a reírse de él, el rabino de la congregación intervino con un discurso en su defensa. Entonces todos quedaron conmovidos y avergonzados al notar que el rabino era tartamudo y que, a pesar de eso, su capacidad y sabiduría le habían permitido llegar a esa posición. Desde ese momento, Saúl ya nunca volvió a reírse de su padre, y ambos aguardaban ansiosos los viernes de cada semana para, juntos, ir al templo a reírse del rabino tartamudo.