Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email

El bien y el mal, la libertad y la esclavitud – Perashat Vaerá

Escribe Haron Kababie*

24 enero, 2020

«El estado de esclavitud en el que los hebreos se encontraban no les permitía escuchar el mensaje que traía su libertador, no estaban emocionalmente abiertos y disponibles a oír a alguien que venía a hablarles de temas tan abstractos como libertad, heredad y posesión de la tierra ancestral, por más que sean estas las mejores noticias que podrían recibir.»

La perashá de Vaerá (Shemot 6:2-9:32) relata el inicio de la liberación del pueblo de Israel del yugo egipcio. En la lectura de esta semana se mencionan en detalle siete de las diez plagas que Dios manda al pueblo egipcio para que el faraón libere al pueblo de Israel.

¿Por qué Dios mandó plagas tan duras en contra del pueblo egipcio?, ¿qué es lo que quería demostrar?, ¿a quién?, ¿qué culpa tenía el pueblo egipcio de las decisiones (o malas decisiones) del faraón?

Cuando Moshé fue con el pueblo de Israel para decirle que pronto será liberado, primero le contó las grandezas que le esperaba. Su Dios había visto su sufrimiento y todos ellos serían liberados, y no sólo eso, sino que recibirían la tierra que les fue prometida a sus padres, y aquel pueblo que los esclavizó sería castigado. Los hijos de Israel “no escucharon por impaciencia y por el trabajo duro” (6:9). El estado de esclavitud en el que los hebreos se encontraban no les permitía escuchar el mensaje que traía su libertador, no estaban emocionalmente abiertos y disponibles a oír a alguien que venía a hablarles de temas tan abstractos como libertad, heredad y posesión de la tierra ancestral, por más que sean estas las mejores noticias que podrían recibir. Su día a día era el látigo del capataz egipcio.

El Pueblo de Israel estaba desesperanzado, no lograba escuchar las voces de libertad y promesas de liberación. Así como no hay más difícil que rehabilitar a un drogadicto que no quiere ser rehabilitado, de igual manera no se puede liberar a un pueblo que no quiere que lo liberen, le es imposible escuchar esos planes. Dios, mediante Moshé, decide involucrarse: “Yo endureceré el corazón del Faraón y multiplicaré mis señales y mis milagros en la Tierra de Egipto” (7:3). Aquí está la respuesta a una de las preguntas anteriores. Las plagas no eran directamente para castigar al Faraón, ni a los egipcios por esclavizar al pueblo de Israel: las plagas fueron para despertar al pueblo esclavizado, fatigado, dormido y drogado por el estado de esclavitud de 400 años.

El Faraón no decidió dejar esclavizado al pueblo de Israel, fue Dios quien así lo quiso. Estamos acostumbrados a ver el relato de forma esquemática de buenos contra los malos: los egipcios, el Faraón y sus Dioses son los malos, los hebreos, Moshé y su Dios los buenos. Pero no es así, es mucho más complejo. Dios endurece el corazón del Faraón y por “gracia divina” castiga a los egipcios mediante milagros sobrenaturales (todos los milagros desafían las leyes de la naturaleza) para impresionar y despertar al pueblo dormido. Dios quiere sorprender al pueblo de Israel con fuegos artificiales, y por el otro lado los egipcios sufren los daños colaterales. Lo absurdo a todo esto es que se crea una situación en la que Dios pelea contra él mismo, sin siquiera estar presente en el relato. Por un lado le pone a Moshé las palabras en la boca para decirlas al Faraón, y por el otro Dios endurece el corazón del segundo para que se niegue a la liberación del pueblo de Israel, esto a pesar de las duras plagas. ¿Y el pueblo egipcio? De no ser por el “favor divino”, tal vez éste se hubiera salvado.

Dos cuestiones para reflexionar. Mucho se ha hablado sobre la esclavitud moderna, la rutina laboral, el consumo, la tecnología, entre muchos más ejemplos. ¿No será que también el agotamiento no nos permite ver más allá y nos mantiene “dormidos” sin ganas de ver o escuchar a quienes vienen a “liberarnos”?

Y por otro lado: ¿Qué es el es bien y el mal?, ¿que tipo de buena acción justifica que hagamos una mala acción? Más allá de la discusión sobre la bondad divina que la perashá pone en duda, deberíamos preguntarnos hoy día sobre la naturaleza del hombre. El único ser que tiene en sus manos construir y destruir, dar vida y muerte con una simple decisión. Como plantea Nicolás Maquiavelo: ¿acaso somos buenos por naturaleza o somos malos, y solo nos hacemos los buenos cuando es necesario?

*Acerca de Haron Kababie

Título en Historia del Pueblo Judío, y encima de la Universidad Hebrea de Jerusalem, ¿qué mas quieren?