El milagro de la música israelí: Ahuva Ozeri | 6° vela de Januca

El reciente 13 de Diciembre falleció la compositora y cantante israelí Ahuva Ozeri Z”L, luego de una larga lucha contra el cáncer, casi como obligándonos a recordarla durante la festividad del milagro, la luz y el heroísmo.

Ahuva Ozeri nació en Israel pocos meses antes de la declaración de la independencia (mayo del 48), y creció en Tel Aviv, en el barrio Kerem HaTeimanim (El viñedo de los yemenitas). Su padre emigró a Israel desde Yemen, y su madre (también de origen yemenita) desde Etiopía. A sus 4 años falleció su padre, y a los 13 Ahuva ya era conocida en el barrio como mekonenet[1], cuyas poesías y rezos cantados conmovían y consolaban a quienes iban a despedirse del reciente difunto. Hoy en día no son sólo aquellos habitantes del barrio quienes se estremecen al escuchar  su inconfundible voz con acento yemenita, sino que junto con ellos se estremece una nación entera. Quizás no sean suficientes las pruebas empíricas para demostrar esta afirmación, pero esto no quita que podamos aferrarnos a ella con la intención de resaltar el importante aporte de Ahuva a la sociedad israelí, que de alguna manera constituye un aporte al judaísmo contemporáneo.

La voz de Ahuva se adentró por primera vez en la conciencia israelí en 1975 con su canción “¿Dónde está mi soldado?”. Al igual que lo hizo en su niñez, con su pronunciada Jet (letra hebra: ח) y sus silsulim (en hebreo, se refiere a una especie de ornamentación vocálica de las melodías) característicos de la música yemenita, Ahuva se destacó principalmente por su particular forma de expresar sentimientos de pérdida y dolor a través de su música, sentimientos que inevitablemente conmovieron a una sociedad profundamente afectada y devastada por la reciente y traumática guerra de Iom Kipur[2]. Sin embargo, el reconocimiento público de Ahuva como ícono de la música israelí tardaría varios años en llegar, principalmente por una clara marginación social y política que en cierta forma subestimó durante años a la cultura oriental, y por lo tanto, a la música mizrahit[3].

Durante largas décadas el pluralista y optimista concepto de Kur Ituj (crisol de razas) que intentaron implementar los padres fundadores del Estado, y a través del cual se consolidaría, en teoría, la identidad nacional israelí, resultó un fracaso en la práctica. La definición pública de esa nueva identidad, de “lo israelí”, adoptó desde un principio características exclusivas de los judíos ashkenazíes (provenientes de Europa Occidental) como el secularismo, patriotismo, socialismo, etc., excluyendo de aquella definición elementos místicos y tradicionalistas que tan presentes estaban en la vida y cultura de los judíos orientales. En este contexto, también la música israelí adoptó un ritmo y estilo occidental, y por muchos años fueron destacados como símbolos de la música nacional cantantes ashkenazíes de rock y pop, cuyas canciones eran relativamente alegres y optimistas (sobre todo en comparación con las nostálgicas y sufridas letras de la música oriental) y giraban muchas veces en torno al amor por la patria.

Sin embargo, y a pesar de que la música oriental no sonaba en la radio, su exclusión pública no significó que cantantes mizrahíes se alejaran de sus ritmos, sus letras y sus melodías originarias. Por el contrario, no fueron pocos aquellos cantantes que dedicaron su vida al canto y a la música mizrahít. Y aun cuando Ahuva decidió abandonar su carrera como cantante profesional (tras una serie de incidentes trágicos en la familia), no tuvo intención de separarse por un segundo del mundo de la música, ni de dejar de aferrarse a su tradicional y único estilo. Durante largos años se dedicó a enseñar y a dar clases de música y canto “orientalmente” caracterizados. Entre sus aprendices se destaca nada más y nada menos el cantante Zohar Argov, uno de los principales íconos de la música (mizrahít) israelí.

En 1999, luego de un descanso de aproximadamente 17 años, Ahuva sacó a la luz un nuevo álbum – “Sonidos de campanas” (En hebreo: צלצולי פעמונים, Tziltzulei Paamonim), considerado como su álbum más exitoso. Aquel álbum jugó un importante papel en la consagración de Ahuva como símbolo de la música israelí, ya que con él conquistó y reconquistó el corazón de cientos y miles de israelíes. La canción con la cual se titula el álbum, uno de sus grandes hitos, es hoy considerado como un “clásico” de la música israelí.

En octubre del año 2000, a Ahuva le fue diagnosticado un cáncer en la garganta, por el cual la operaron ese mismo año y le extrajeron sus cuerdas vocales. Sin embargo, ni las brechas culturales, ni una mala jugada del destino, lograron interponerse entre la cantante y su gran trascendencia musical. Por el contrario, ocurrió lo que los médicos tildaron de milagro medicinal: con mucho esfuerzo y largas horas de dedicación y práctica Ahuva volvió a cantar, y continuó creando música con la ayuda de lo que ella declararía como “el amor de su vida”: Bulbul Tarang (ondas de ruiseñores) – un instrumento popular en la India y originario de Japón, que se compone de teclas y un tablero de cuerdas. Ahuva además, fue de las primeras y únicas personas que sabían tocar aquel  instrumento en Israel, y luego de la operación, participó con él en diferentes proyectos musicales, tocando por ejemplo la canción Shirat Hastiker (La canción del sticker) junto con la exitosa banda israelí “Hadag Najash”.

En el año 2008, le fue otorgado a Ahuva un premio de reconocimiento por parte de la Sociedad de Autores y Compositores Israelíes por su importante y sobresaliente aporte a la música hebrea. Los jueces se refirieron a ella como uno de los pilares de la música israelí y destacaron la inspiración, el apoyo e incondicional aliento que Ahuva ofreció a tantos otros cantantes israelíes. En el año 2013, Ahuva sacó un último álbum “Sobre mí silencio” (En hebreo: מעליי דממה, Mehalay Dmama),  del cual participaron varios y reconocidos cantantes (Ehud Banai, Dana Berger, Beri Sajarov, Kobi Aflalo, Java Alberstein, entre otros) y en el cual ella tuvo un papel principalmente instrumental con su Bulbul Tarang.

A pesar de que el reconocimiento nacional público tanto de Ahuva, como el de otros pioneros de la música mizrahí, llegó muchos años más tarde que el reconocimiento de sus seguidores, la identificación de cantantes como Ahuva Ozeri, Zohar Argov, Ofra Hasan, etc., con lo que llamamos hoy en día “música israelí”, da lugar a una REdefinición de “lo israelí” en sí. Una definición que es, en la práctica, más abarcadora y pluralista que antes, y que quizás nos permite entrever ciertos frutos de aquella lucha por la igualdad social, política y cultural iniciada por los judíos mizrahíes muchos años atrás[4]. Y si no entreverlos, al menos sentirlos a través de su legado musical.

En una de sus última entrevistas[5], confesó Ahuva que lo único que podría desearse a ella misma “es que nunca le arrebaten la voz del corazón”. Y lo cierto es que es difícil creer que alguien pueda hacerlo y por el contrario, es probable que su voz nos acompañe en nuestra memoria colectiva mucho más tiempo del que ella hubiese imaginado. En primer lugar, por su indiscutible y único talento, y en segundo, porque a través de su música, Ahuva logró alzar las voces de un sector social y culturalmente “enmudecido” en el consenso de la sociedad israelí.  En cierto sentido, el legado de Ahuva (y otros artistas de origen oriental) constituye quizás una especie de reconciliación generacional al haber logrado reducir (en parte) aquella brecha que separó culturalmente a los judíos (“modernos”) occidentales y a los judíos (tradicionalistas) orientales. En una sociedad lejos de ser perfecta, fragmentada y fraccionada en muchos aspectos, quizás la expresión cultural –la música, entre otras– cumpla un importante rol de integración social. Tal vez justamente en canciones y melodías como las de Ahuva, cargadas de nostalgia, tristeza y dolor, se halle una optimista fuerza de unión, una mística luz acogedora, difícil de apagar tanto como silenciar su voz. יהיה זכרה ברוך


[1] La palabra Mekonen proviene de Kina, que significa en hebreo luto. Mekonen hace referencia a una especie de luto vocal expresado a través de una poesía cantada, y es una costumbre originaria de la cultura escocesa e irlandesa (que se volvió también popular en otras culturas como en la cultura yemenita).

[2] La guerra de Iom Kipur de 1973 fue la guerra con mayores pérdidas luego de la guerra de Independencia, durante la cual perdieron la vida cerca de 2300 soldados. Muchos autores la consideran un “trauma nacional” que afectó gravemente a la sociedad israelí.

[3] La música mizrahit se refiere al género oriental (mizrahí=oriental) influenciado por la música árabe, turca y griega; y fue traída a Israel por las inmigraciones de judíos de los países árabes.

[4] El origen de la lucha social y política de los judíos orientales se adjudica al surgimiento y actividad del movimiento social “Las Panteras Negras” en los años 70.

[5] http://www.haaretz.co.il/gallery/music/.premium-1.3151522