La sociedad israelí en profundidad: ashkenazíes vs. mizrajíes (parte I)

En la película israelí Lul (gallinero) de 1988 hay una escena que hoy día ya es emblemática en la historia del cine local. En tono de comedia podemos ver como los árabes locales reciben con maldiciones a los judíos rusos que llegaron en las primeras alyiot antes de la fundación del estado. En la siguiente toma, los recién llegados rusos toman el lugar de los locales, y critican con la misma efervescencia a los polacos recién arribados, para luego ver a esos polacos ya como locales criticar a los yemenitas, que insultan a los alemanes, que intentan echar a los marroquíes, que no dudan en reprochar a los caucasianos. Un perfecto resumen de la sociedad israelí.

Es que la historia de la conformación de la población del estado judío es un relato acerca de tensiones entre orígenes étnicos, cuyo denominador común ni siquiera es el judaísmo (recordemos que el 20 por ciento de la población es musulmana o cristiana), sino el sentir que esa pequeña porción de tierra les pertenece, no importa cuanto tiempo lleven allí – miles de años como los judíos de Tiverias, o 15 minutos como los caucasianos de la película Lul.

El mejor ejemplo de esta tensión a la cual hacemos referencia lo podemos encontrar dentro de la población judía entre ashkenazies y mizrajies. Los primeros son los judíos de origen europeo: recordemos que fue allí donde Teodoro Herzl fundó el Sionismo a fines del siglo XIX. Es por eso que las primeras alyiot provienen de estos lugares, principalmente de Europa oriental, aunque más tarde, y sobre todo posterior a la Shoá, a esta corriente inmigratoria se le sumarían los judíos de todo el continente. Los segundos son los llamados sefaradíes en muchos países de América Latina: los judíos descendientes del norte de África y Medio Oriente, en su mayoría llegados a Israel luego de ser echados de sus países tras la aprobación del Plan de Partición de Palestina en noviembre de 1947. Como veremos a continuación, el conflicto entre estas dos partes moldeó en gran parte a la sociedad israelí, tal vez por diferencias culturales, religiosas, económicas, y por que no, discriminación entre las partes.

La cuestión de la fecha de llegada a Israel resultaría clave: recordemos que para la llegada en masa de los judíos mizrajíes, si bien el estado aun no había sido declarado, contaba con todas las instituciones, haciéndolo existir de facto, con todas estas instituciones ya formadas y dirigidas por judíos de origen europeo, con sus ciudades ya conformadas y con sus kibutzim ya repartiendo ganancias de forma equitativa. Además, y no menos importante, el futuro Estado de Israel, al igual que cualquier otro país del mundo, ya tenía sus estereotipos conformados: en consonancia con el “hombre nuevo” que proponía la Unión Soviética, aquí se hablaba del “judío nuevo”, con sus cuatro principales características:

  1. Kibutziano: gustaba de la vida comunitaria, del trabajo duro, y del disfrute bien merecido. Su objetivo era colectivo y no individual. Laico al 100 por ciento, la religión no era parte de su vida.
  2. Pionero: A.D. Gordón decía que la única forma de que los judíos vuelvan realmente a su tierra es si la trabajan con sus propias manos. En ese sentido, el judío nuevo tenía que ser un hombre agrícola, dispuesto a tomar las herramientas en sus manos.
  3. Soldado: no solo las herramientas debía tomar, sino también las armas cuando hiciera falta defender lo suyo.
  4. Sabra: la metáfora por definición de lo israelí. Sabra en hebreo designa a la flor del cactus: espinosa, dura y áspera por fuera, tierna y dulce por dentro.
Srulik, ¿el Tío Sam israelí?

Si queremos llevar esto a imagen, conozcamos a Srulik, el Tio Sam israelí. Concebido por el caricaturista Kariel Gardosh (Gosh), a diferencia del Tio Sam que era viejo y bélico, Srulik (diminutivo idish del nombre Israel) es joven y tranquilo. Lo podemos observar con una sonrisa, vestimentas típicas del kibutz, blanco de piel y con una Kalanit (flor nacional de Israel) en la mano. Si consideramos que en los primeros años de Israel esta era la imagen del “judío nuevo”, la llegada de los judíos mizrajíes generó un choque muy grande en la población local.

La CIA en un informe interno reservado de 1972 describe este conflicto de la siguiente manera:

La única conexión entre los ashkenazíes y los mizrajíes parece ser la mutua adherencia y la lealtad a Israel. Existen grandes diferencias en el trasfondo cultural, educacional, de valores sociales, e incluso en características físicas. Los mizrajíes, que en ocasiones tienen piel más oscura, son referidos a veces como “judíos negros”; mantienen sus características y hábitos de sus orígenes no occidentales. El judío oriental es por lo general más pobre, menos educado, y tiene menos habilidades; tiene por lo general una familia más numerosa que los ashkenazíes.

Esta cuestión de la familia numerosa traería consecuencias geográficas y demográficas que aun hoy pueden ser observadas en Israel: los grandes centros urbanos, y todos los kibutzim son de mayoría ashkenazí, mientras que los judíos mizrajíes, inacapaces de adquirir viviendas o terrenos de tamaño adecuado a sus necesidades, tuvieron que apartarse a zonas más alejadas. Es así como hoy en día ciudades periféricas como Sderot, Arad o Dimona poseen una mayoría de judíos orientales, trayendo aparejado el acceso dificultado a ciertas posibilidades que otorga vivir en grandes centros urbanos.

En Israel a este proceso se lo llama Kur Ituj, crisol en español. Sin embargo, este término no es del todo correcto: un crisol es un alineador de metales. Si se insertan en el crisol una pieza de oro y una pieza de plata, saldrá una alineación de oro y plata en partes iguales. En cambio, la sociedad israelí no generó personas nuevas en base a esta mezcla de culturas, sino que priorizó en gran medida la ashkenazí, intentado borrar a la mizrají del “ser israelí”.

No hay mejor forma de comprobar esto que las estadísticas. Si tenemos en cuenta que hoy en día judíos ashkenazíes y mizrajíes los hay en partes iguales en Israel, los siguientes números sorprenden. Se trata de la relación entre judíos de estos dos orígenes en diferentes puestos estatales, desde la creación del estado y hasta el año 2014:

  • Primer Ministro: 12 ashkenazíes a 0 mizrajíes
  • Presidentes: 8 a 2
  • Cancilleres: 14 a 3
  • Ministros de Economía: 21 a 4
  • Ministros de Seguridad: 13 a 4
  • Comandante en Jefe del Ejército: 16 a 5
  • Jefe del Mossad: 10 a 2
  • Jefe del Shabak: 12 a 1
  • Jefe de Gobierno de:
    • Haifa: 7 a 1
    • Jerusalem: 9 a 0
    • Tel Aviv: 7 a 0
  • Controlador del Estado: 7 a 0
  • Ministro de Justicia: 17 a 2
  • Fiscal General: 11 a 0
  • Jefe KKL: 6 a 1
  • Director Caja Nacional: 8 a 4
  • Presidente Banco Central: 9 a 0
  • Personas en los billetes: 15 a 2
  • Presidente liga de Futbol: 13 a 3
  • Presidente Comité Olímpico: 8 a 0
  • Presidente Rashut Hashidur: 11 a 1
  • Jefe Galei Tzahal: 13 a 1
  • Presidentes Universidades:
    • Hebrea: 12 a 0
    • Tel Aviv: 7 a 1
    • Bar Ilan: 10 a 0
    • Haifa: 10 a 0
    • Ber Sheva: 6 a 0
    • Tejnion: 10 a 0
  • Jueces Corte Suprema: 45 a 9
  • Ministros de Educación: 16 a 3
Estos datos se tornan aún mas contundentes si tenemos en cuenta que sobre el salario promedio, los judíos de origen europeo ganan 20 por ciento más que los de origen oriental. Además, en los nuevos diseños de billetes del 2017, se eligieron cuatro representantes culturales ashkenazíes para acompañar todas las billeteras. Incluso luego de las protestas de numerosos actores de la sociedad esta decisión no fue modificada y los billetes fueron impresos así.
Ingreso promedio entre 2002 y 2012. La linea superior corresponde a la población de origen eurpeo, mientras que la intermedia a la de origen asiático o africano. La linea inferior es de la población árabe y la linea recta es el sueldo promedio.

La sociedad israelí, como cualquier otra, es la suma de interacciones entre actores de alta complejidad. La tensión existente hasta hoy entre judíos ashkenazíes y mizrajíes no es más que una de esas aristas, en la que también se debe incluir el papel de otras etnias judías (rusos, etíopes), de las poblaciones árabes (musulmanes, cristianos, drusos, beduinos), de refugiados y de trabajadores extranjeros. No es que Israel tenga más problemas sociales que otros lugares del mundo, sino que la misma población hace su máximo esfuerzo por visibilizarlos, para poder encontrar una solución. Al fin y al cabo, Israel en sus 70 años de existencia ya ha resuelto problemas (o al menos los ha visibilizado, que es el primer paso) que otros estados de más de 200 años de existencia aún mantienen bajo la alfombra.

COMPARTE LA NOTA