8 julio, 2019

Ahora vienen por mi, pero es demasiado tarde

Escribe David Tabacman
La semana pasada, la sociedad israelí fue testigo de como una parte de ella, los judíos de ascendencia etíope, protestaron contra lo que consideran un trato discriminatorio por parte del estado. Desde Israel, David Tabacman nos relata sus vivencias y pensamientos en torno a la cuestión.

Tal vez sea un sentimiento de fraternidad. Tal vez sea un sentimiento de culpa por pertenecer al acomodado grupo de “hombres, blancos, ashkenazim, que viven en el centro del país”. Tal vez sea porque mi superyo ha podido más que mi yo. No estoy seguro cuál es la razón, pero si hay algo que me molesta más que una injusticia, es cuando se quiere hacer pasar la injusticia como justicia, cuando se le asigna algún tipo de justificación moral. Es por eso que en la última semana he tenido acaloradas discusiones con amigos, familiares y compañeros de trabajo.

El domingo 30 de junio, pasadas las 20:00 horas, Salomón Teka murió en la ciudad norteña de Kiryat Haim a causa del disparo de un policía que estaba vestido de civil. En los momentos en que escribo este artículo la investigación aún está en curso. Hay diferentes versiones acerca de cómo comenzó el hecho y qué sucedió durante el mismo. Algunas versiones dicen que Salomón y sus amigos eran sospechosos de hurto y de tirar piedras y que el policía disparó al piso luego de acercarse para revisarlos y recibir piedras de los mismos, pero la bala rebotó y pegó en Salomón. En el otro lado hay versiones que dicen que de la nada el policía se acercó a revisarlos y de forma sorpresiva sacó el arma y disparó, acabando con la vida de Salomón. Un detalle no está en discusión: Salomón Teka era descendiente de etíopes.

Aunque conocer la verdad de los hechos es fundamental para juzgar el accionar del policía, poco influye esto en lo que sucedió después. Al día siguiente comenzaron manifestaciones en todo el país. El último tiempo Israel ha conocido muchas manifestaciones, la mayoría centradas en pocos puntos y llevadas a cabo de forma ordenada y organizada, pero esta fue diferente. Cientos de personas empezaron a cortar las calles de todo el país, literalmente haciendo imposible trasladarse. Yo estuve en uno de los cortes, al lado de una chica descendiente de etíopes de aproximadamente 16 años. Una persona en moto quiso pasar por la calle cortada, luego de discutir con la manifestante le preguntó qué otras calles están cortadas, para saber por qué calle sí podría pasar, y la manifestante le respondió con lágrimas en los ojos: “cortamos todo el país”. Y así fue.

Salomon Teka Z"L

Esos cortes generaron mucho malestar en parte de los ciudadanos de Israel, que de forma diaria sufren de largos embotellamientos, pero ninguno como los de ese día. Frases como “los entiendo, pero por qué perjudicar al ciudadano que nada tiene que ver” fueron muy comunes, como si hubiera otra forma de llamar la atención del ciudadano sin molestarlo. Incluso el Primer Ministro, Binyamin Netanyahu, declaró en un vídeo por las redes sociales que entiende el enojo y la causa, pero que Israel es un Estado de Ley y no va a tolerar el corte de calles. Un Estado de Ley no debería permitir la discriminación sistematizada, pero a este Estado de Ley más le preocupa, o le parece más urgente, el corte de calles.

Las manifestaciones no eran solo por la muerte de Salomón Teka. La comunidad etíope en Israel, a pesar de que ha habido inmigración masiva de judíos etíopes desde los años ´70, es una comunidad que sufre una profunda discriminación. Los jóvenes descendientes de etíopes encuentran particular dificultad en ser aceptados en clubes bailables, viñedos no les han permitido trabajar con las uvas porque su mera presencia allí transforma el vino en no kasher, de forma diaria son revisados por la policía cuando caminan por barrios de clase alta, y también conocen un trato más agresivo por parte de la policía. En palabras del anterior Jefe de Policía, Roni Alsheikh, refiriéndose a la violencia policial contra descendientes de etíopes: “En todos los estudios criminológicos en el mundo, sin excepción, se ha demostrado que los inmigrantes están más involucrados en el crimen que otros grupos, y los jóvenes están más involucrados en el crimen que otros. Cuando las cosas se juntan, hay una situación en la que hay una comunidad que estadísticamente está más involucrada en el crimen. Cuando un policía se encuentra con un sospechoso de esta comunidad, su mente naturalmente sospecha más de él que de otro…». Esto no es un caso aislado, es discriminación institucionalizada, continua, que se da en múltiples esferas de la sociedad y el estado israelí.

Esta no ha sido la primera vez que la comunidad etíope se ha manifestado. En el año 1996 hubo una gran manifestación cuando se conoció que el Maguen David Adom se deshace de la sangre donada por descendientes de etíopes por considerarlos una comunidad de riesgo. En el año 2006 otra gran manifestación se desató luego de que el ministerio de salud decidiera continuar con la política del Maguen David Adom. En el año 2015 un jóven soldado descendiente de etíopes fue atacado por policías sin motivo aparente, lo que fue filmado, publicado en las redes sociales y dió comienzo a otra gran manifestación de la comunidad etíope. Todas estas manifestaciones fueron masivas, y terminaron en hechos violentos. La manifestación del 1 de julio de 2019, luego de la muerte de Salomón Teka, también terminó en hechos violentos.

Pasadas las horas, piedras fueron tiradas contra la policíaautos fueron destrozados y hasta quemados. Una nueva ola de respuestas llegó de parte del “ciudadano común” (como si los manifestantes no lo fueran): “Con la violencia perdieron mi apoyo”. Este nivel de hipocresía, este orden de prioridades, confieso que me saca de mis cabales. Esta frase, y todas sus muchas variantes, revelan no solo que quien la dice se hace a un lado de la manifestación, sino también que se hace a un lado del problema. La comunidad etíope no acudió a la violencia, la violencia acudió a ellos. Hace décadas que conviven con ella, y sin embargo, desde el cómodo lugar de quién nunca la ha experimentado, muchos se permiten señalar con el dedo y acusar a los manifestantes de ser ellos quienes han actuado mal.

No me malinterpreten, la violencia fue incorrecta y ojalá no hubiera sucedido. Pero, ¿es ese el punto ahora? La comunidad etíope no perdió su apoyo cuando recurrieron a la violencia, nunca tuvieron su apoyo. Declaraciones aún peores acompañaron a las anteriores, del orden de “Qué gran forma de demostrar a la policía que no son violentos: actuando con violencia”. Se pueden buscar muchas excusas para no apoyar una causa, incluso se puede no apoyar una causa sin excusa alguna, pero culpar a la víctima es de una frialdad, una falta de empatía, una bajeza moral de las más bajas que hemos conocido. Qué gran forma de mostrar que no discriminamos: ¡mostrando que su sufrimiento nos importa poco! Al día siguiente las manifestaciones siguieron. Esta vez la policía se anticipó y pudo evitar los cortes de calles y los hechos violentosNo hubo cobertura masiva de los medios ni en la redes sociales. Cuando se acaban las excusas para nuestra indiferencia, lo único que queda es nuestra indiferencia.

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