Los días previos fueron coloridos. No precisamente por el clima, caluroso de más durante la semana, sino porque la municipalidad de Tel Aviv se encargó de darle una impronta única a la ciudad: la bandera del arcoíris ondeando en cada esquina, sendas peatonales con colores a tono y eventos relativos a la temática LGBT en diferentes puntos de la ciudad.

La Macha del Orgullo número 18 de la ciudad se celebró el último viernes. Fue la más numerosa: 200 mil personas se concentraron en la zona costera para revindicar sus derechos civiles y, por qué no, celebrar la diversidad. Es probable que también haya sido la más custodiada: el año pasado, en la versión de Jerusalem de la marcha, un fanático ultraortodoxo llegó a cubrir de sangre el evento, asesinando a Shira Banki, una adolescente de 16 años que había asistido para apoyar a sus amigos homosexuales. Los telavivim no fueron ajenos a esto: las 200 mil personas realizaron un minuto de silencio antes de comenzar con la fiesta final de la jornada.

Entre los reclamos que se hicieron, dos sonaron con más fuerza: el primero fue el de siempre, el de aprobar el casamiento homosexual en el país. Parece por lo menos difícil, ya que hacerlo implicaría sacar el monopolio de los casamientos a la ortodoxia judía, un proceso bastante más complicado que hacer pasar una ley en el parlamento. El segundo es más nuevo (aunque no por ello menos importante): este año el Estado de Israel invirtió diez veces más presupuesto en promocionar la Marcha alrededor del mundo (y junto con ello la imagen de Israel como país gay-friendly), que en la ayuda que presta a la población LGBT durante un año entero. A la práctica de aparentar ser gay-friendly siendo el verdadero motivo buscar un beneficio económico o político, se la denomina pinkwashing, término aplicable tanto a estados como empresas. En el caso de Israel, se la acusa de mostrar su costado amable hacia los homosexuales, con el objetivo de cubrir la cuestión palestina.

No faltó lo que caracteriza a este tipo de marchas: disfraces, poca ropa, carrozas, música y todo tipo de expresiones artísticas impresas sobre los cuerpos de las personas que desfilaban. Sin embargo, había algo diferente, algo que no se puede encontrar ni en la Marcha del Orgullo de Nueva York ni en la de Buenos Aires.

Para ver todas las fotos de la marcha: http://www.makevet.com/cultura/fotografia/407
Para ver todas las fotos de la marcha: http://www.makevet.com/cultura/fotografia/407

Esta era una Marcha del Orgullo judía. Se llevó a cabo en una ciudad judía, de un país judío, con una mayoría de gente judía. Los reclamos por más derechos por parte de los manifestantes (judíos), eran dirigidos a un gobierno judío. Parece una obviedad, pero no lo es. Solo desde la creación del Estado de Israel en 1948 se puede dar muestra de un avance cultural semejante.

Fue una marcha judía por la bandera multicolor con una estrella de David en el medio. Fue una marcha judía porque pasó por la puerta de una sinagoga, sin que nadie se escandalizara. Fue una marcha judía porque las consignas reivindicativas eran gritadas en hebreo. MAKEVET preguntó a diversos asistentes si encontraban una contradicción entre ser judío y asistir a una Marcha del Orgullo. La respuesta por unanimidad fue concluyente: no. A nadie se le ocurrió dejar su judaísmo de lado por el rechazo de los sectores más tradicionalistas hacia su elección de género. Por el contrario, la Marcha del Orgullo en Tel Aviv, en Israel, es una manera de decir “aquí estamos, somos judíos, somos parte de la comunidad LGBT y no existe ningún problema con ello”.

Terminando con la semana de la “Homosexualidad en el Judaísmo”. solo nos queda reconocer a todos los que escribieron y colabraron para poner sobre la mesa un tema muchas veces tabú, y agradecer al equipo de MAKEVET que cubrió la marcha. ¡Hasta la próxima!

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