La vida en kehilá (comunidad) como elección auténtica

“Si la religión declinó no es porque haya sido refutada, sino porque perdió relevancia, se torno insípida. Cuando el credo reemplaza por entero a la fe, cuando la fe se convierte en herencia antes que en manantial viviente, cuando la religión no habla con la voz de la compasión, entonces su mensaje pierde sentido. La religión es una respuesta a las preguntas últimas del hombre“

Abraham I. Heschel


Una de los componentes esenciales del judaísmo, que se sostiene a lo largo de los siglos, más allá del sector geográfico en cuestión, es la idea de kehilá (comunidad). Los judíos siempre supieron organizarse en comunidades. Las formas de kehilá fueron variando en concordancia con las circunstancias de cada época y lugar: desde una organización centralizada en el poder de los cohanim (sacerdotes) y un sistema de ofrendas populares y sacrificios en el Beit Hamikdash (Gran Templo de Jerusaelem); pasando por la creación de un sistema de normas -las Halajot– que dirigían todos los aspectos de la vida del shtetl (aldea judía – imaginémos alguna escena de “El violinista sobre el tejado”); así llegamos a los ejemplos de kehilot de la actualidad, ya sean ortodoxas, conservadoras o reformistas, por sólo nombrar algunas corrientes que logran congregar grupos de judíos que eligen compartir sus ciclos de vida en base a valores y rituales comunes.

Mi primera kehilá fue la de Rosario, Argentina. Hasta los 21 años fui parte de ella de manera activa. Hace un año hice aliá, y empecé a conocer otros tipos de kehilot en Israel. Me gustaría realizar una comparación descriptiva de estas dos grandes experiencias que marcaron y marcan el desarrollo de mi identidad judía.

La kehilá de Rosario en la que crecí tiene su centro físico en el templo de calle Paraguay. Un Beit Knesset de gran impronta, que es símbolo de la historia y la visión con la que la kehilá fue fundada. Al lado del templo, se sitúa la escuela integral Bialik, que abarca los tres niveles de educación. El club, las tnuot (movimientos juveniles), un marco para jóvenes en edad universitaria y otros tantos para adultos mayores. Una kehilá conservadora como la mayoría de las del interior de Argentina.

Kehilat Carmel, una de las kehilot que conviven en el barrio de Hadar, en la ciudad de Haifa, está compuesta por 16 jóvenes (en su mayoría, parejas) de entre 25 y 35 años que viven en un mismo edificio. Su relato fundador tiene origen en la “Mejinat Rabin”, un marco de capacitación para jóvenes que recién terminaron la secundaria, cuyo objetivo es formar líderes activos en la sociedad israelí, previo a su enrolamiento al ejército. Viven en kvutzot (grupos), realizan voluntariados en sectores marginados de la sociedad y estudian con diferentes personalidades destacadas de la sociedad israelí, entre otras de las muchas actividades que tienen a lo largo del año de duración del programa.

Los miembros de Kehilat Carmel han atravesado un largo camino juntos. Hoy en día muchos de ellos están terminando títulos académicos (en su mayoría, en ciencias sociales), y tienen trabajos que dejan un impacto en la sociedad israelí, que buscan mejorarla. Pero no todos. Algunos estudian música, o matemática.
Los viernes a la noche siempre hacen una cena especial de Shabat. Los que sea que están se juntan en el departamento de alguno, y comparten una cena familiar e íntima con comida, y luego piano y canciones. Casi siempre tienen invitados que se les unen. También celebran los jaguim (festividades) juntos, resignificando los rituales, armándolos de nuevo de la manera que les sea relevante. Tienen marcos de estudio en conjunto sobre temas que ellos eligen, en base a sus deseos, inquietudes y búsquedas. Algunos ya están empezando a tener hijos.
El grado de intimidad es alto, se trata de una familia con una composición distinta a la tradicional, de compañeros de vida que eligieron construir un tipo de kehilá bastante particular.

No son los únicos, así como ellos, hay muchas kehilot similares en todo Israel. Kehilat Kamá, por ejemplo, de Beer Sheva, tiene una estructura parecida y además sus miembros decidieron crear una ONG (“Tor Hamidvar”) que se dedica a fomentar la creación de kehilot brindándoles herramientas para su acompañamiento y crecimiento.
En Hadar también hace unos años se sumó el Garín Farán: un grupo de ocho amigos de alrededor de 27 años, que tienen un origen parecido al de Kehilat Carmel. Viven en dos departamentos, son estudiantes (uno de ellos está cursando su carrera en la ciudad de Tel Jai, al norte de Israel), trabajan en diferentes ámbitos, y son activos en propuestas culturales del barrio. No por definición, pero se fue dando que muchos de los integrantes de este garín, lideraron un proyecto de promoción de distintas bandas y músicos en el barrio, a precios accesibles o inclusive gratis, con un fuerte acento en difundir la cultura local. El proyecto se llama Martef, “sótano” en hebreo, porque los primeros espectáculos tuvieron lugar en un sótano.

Entre todas las kehilot y kvutzot de Hadar hay una red de activismo en conjunto, están agrupadas bajo el foro de “Bustán Hakehilot”. El objetivo es potencializarse la una a la otra, compartir jaguim o eventos culturales y activistas, y así construir propuestas más grandes que no podrían realizarse si cada una lo hiciera por su parte.
Es importante recalcar que la municipalidad ha tomado la responsabilidad de fomentar el desarrollo de este tipo de comunidades. Probablemente porque es una demanda que surge de las kehilot.

Hay dos centros barriales municipales que se dedican a mejorar la calidad de vida de los vecinos. Muchas de las propuestas se realizan en conjunto con las kehilot. Los recitales de bandas locales, encuentros para mujeres los viernes por la mañana (shishí nashí), actos de Iom Hashoá, Iom Hazikarón, de recordación al exprimer ministro asesinado Itzjak Rabin, y similares, cine no comercial una vez por mes en el teatro de una de las sedes, yoga, medicina tradicional china, teatro, taller de escritura y kung fu, por sólo citar algunos ejemplos.

A su vez, encontramos en este barrio tan peculiar un Kibutz Mejanjim (kibutz de educadores) de la tnuá Dror Israel, el movimiento de los adultos del movimiento israelí Hanoar Haoved Vehalomed. Se trata de un grupo de jóvenes también de entre 20 y 35 años, que viven en kvutzot. Tienen una misión como movimiento: construir una sociedad israelí más justa basada en el valor de la igualdad de los hombres como seres humanos, a través de la educación como herramienta transformadora y creadora de realidades. Por medio de diferentes proyectos y organizaciones que están dirigidas a poblaciones marginales de la sociedad israelí, cada uno de los miembros de este movimiento aporta su grano de arena en la construcción de una sociedad más empática, abierta al otro, con igualdad de oportunidades para todos sin importar el contexto del cual se trate.

Estas kvutzot se agrupan en kibutzim en un sentido diferente al tradicional. El kibutz no es un lugar físico (de hecho las kvutzot que conforman un kibutz suelen vivir en diferentes puntos del país). Nos encontramos frente a un kibutz humano, cuya esencia reside en las personas que lo integran y las relaciones que construyen entre sí. El grado de cooperación es muy alto, inclusive hay un sistema de economía en común entre todos los miembros de cada grupo en particular, y de cada kibutz en general, asemejando al socialismo de los kibutzim de antaño.

Cabe destacar que dentro de Dror Israel hay varias kvutzot de olim jadashim (nuevos inmigrantes) de la tnuá Habonim Dror, provenientes de diferentes países de habla inglesa.

La sensación de vivir dentro de una gran kehilá barrial es muy diferente a la que tenía en Rosario. La posibilidad de crear y de encontrar compañeros ideológicos para tal fin es una de las características más destacadas del ambiente en el que me encuentro. Al fin y al cabo, ya en el Talmud Bablí se enunciaba que “no vemos las cosas tal como son, sino tal como somos”, y allí reside la grandeza de la creatividad humana.

Un punto a remarcar en estas ejemplificaciones de kehilot israelíes es la elección de moldearlas en base a los deseos y objetivos de sus integrantes. Diferentes grupos de personas deciden crear un espacio comunitario que sea parte integral de sus vidas. La elección de compartir la vida con otros no es obvia. Y tampoco lo es la determinación de crear algo que no existe, de no conformarse con marcos preexistentes que tal vez no responden verdaderamente a nuestras necesidades actuales.

La historia del judaísmo nos muestra que la renovación de las formas de vida vuelve a cobrar sentido en cada época. El fenómeno de kehilot israelíes es una clara prueba de ello.

Para concluir, me gustaría compartir la Birkat Habait (Bendición de la Casa) – de Kehilat Carmel, que está colgada en el palier del edificio:

“Que sea esta casa:
Oasis, residencia, paz.BirkatHabait
Tierra fértil para el crecimiento y el desarrollo,
La oración y el aprendizaje (dvar torá).
Aquí encontrarán paz y debates filosóficos elevados (leshem shamaim).
Reinarán los vínculos de amor, calidez y compañerismo entre los habitantes de la casa (y sus mascotas).
Aquí vivirá la satisfacción y la alegría, con bendición, sustento y éxito.
No habrá tristeza ni conflictos en esta casa.
Habrá salud, armonía, abundancia, éxito y un gran bienestar,
Risas de los niños, el sonido del piano y la música sonarán.
Cervezas locales y aroma a comida envolverán las escaleras,
Y si algo, ojalá no pase, se arruinara en la casa o en el amor,
Enseguida será arreglado,
solos o juntos, con apertura, atención y equilibrio.
Amen, que así sea.”