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La destrucción de los dos templos de Jerusalem simbolizaron para el pueblo judío en el pasado y en nuestros días el destierro del pueblo de su tierra. Para ambas destrucciones nuestros sabios Z”L (Jazal) nos dieron explicaciones acerca del motivo. El primero por tres pecados: idolatría, incesto y derramamiento de sangre (Ptijata Eija Raba 2); el segundo fue destruido, dicen ellos, por odio gratuito. Según está escrito: “por nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra”. En otras palabras, por nuestros pecados fueron destruidos nuestros templos y fuimos exiliados de nuestra tierra.

Cabe mencionar que los historiadores explican que el primer templo fue destruido por cuestiones políticas y guerra con los babilonios y la relación con los egipcios. De hecho es lo que el libro de Reyes II también relata. Pero como fue mencionado arriba, Jazal contaron tres razones por las cuales fue destruido el tempo. Las mismas también se pueden entender si leemos los libros del Tanaj (Biblia) que relatan esta época. Lo que hacen los sabios de la época de la Mishná y el Talmud es un crítica al mismo pueblo, buscan los problemas internos basados en los mismos escritos haciendo cierta Mea Culpa.

Siguiendo con las razones dadas por Jazal, sobre la idolatría por ejemplo, el editor del libro de Reyes la recuerda y critica que en los reinos de Israel y de Yehudá sacrificaban en tarimas y en lápidas de piedra. Los reyes de Israel pasaban a sus hijos por el fuego según tradiciones paganas. Sobre incesto un ejemplo puede ser el caso de violación de Amnon a su hermana Tamar (Samuel II, 13).

Los casos por idolatría son muchos. Incluso se podría llegar a pensar que fue la única razón por la cual fue destruido el primer templo. El incesto, a pesar que mostré un caso muy puntual que sucedió previo a la construcción del templo, podemos reconocerlo como un caso testigo, también tomando en cuenta la forma ligera en que lo tomó David y lo que desembocó dicho acto. La pregunta ahora sería: ¿qué es derramamiento de sangre?

Por un lado, cierto es que en el Tanaj –principalmente el libro de Reyes– se habla de guerras civiles tanto en el reino de Yehudá, como en el reino de Israel. En el reino de Israel cada vez que una dinastía se cambiaba eran asesinados todos los descendientes de la dinastía derrotada a manos de la ganadora. Pero esto de guerras civiles no puede ser la razón por la cual sería destruido el templo en una concepción bíblica de premio y castigo, en la cual el pueblo es castigado y/o premiado por sus acciones. En otras palabras, la destitución de una dinastía por otra no puede ser tan grave como para ser considerada derramamiento de sangre.

Más allá del libro de Reyes que describe los reinados, tenemos los libros de profecía que describen una situación distinta. En éstos, los profetas de Israel y Yehudá describen a la sociedad de su época y en gran parte vienen a criticar la realidad en la que viven. Al leer sus libros uno puede ver a varios de ellos como líderes sociales que luchan por los débiles del pueblo. Mediante sus escritos podemos darnos cuenta que estaban perturbados a causa de la falta de moral en el pueblo, asqueados por los estratos altos en la sociedad y por el gobierno, ellos profetizaron que la tierra nos vomitará si nosotros no juzgamos con juicio justo en nuestra tierra:

“No, pero si serán buenos vuestros caminos y vuestras acciones; si hacéis justicia total entre un hombre y su prójimo; si no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda, y no derramáis sangre inocente en este lugar, y andáis en pos de otros dioses en vuestro perjuicio… ¿Habéis de robar, asesinar, cometer adulterio, y jurar en falso, y ofrecer sacrificios a Baal, y andar en pos de otros dioses que no habéis conocido… Y os arrojaré de mi vista, como he arrojado a todos vuestros hermanos, a la simiente de Efraím”

(Yrmiahu 7, 5-15, fragmentos)

NinthAvStonesWesternWallEl profeta hace referencia al reino de Israel, el cual ya fue destruido y habla al reino de Yehudá. En otras palabras, es claro lo que dice el profeta: si no hacemos juicio entre el hombre y su prójimo, si abusamos de los débiles de la sociedad, del extranjero, del huérfano y de la viuda, si asesinamos, cometemos adulterio, juramos en falso, entre otras cosas, seremos desterrados de la tierra.

Yrmiahu no fue el único que gritó al pueblo sobre los problemas sociales y por la falta de moral, un ejemplo más se encuentra con Mijá, quien critica en este fragmento en principio a los gobernantes:

“Escuchad esto, oh jefes de la casa de Yaacov y gobernantes de la casa de Israel, que aborrecen la justicia y pervierten toda equidad, que construyen a Sion con sangre, y a Jerusalem con iniquidad. Sus magistrados juzgan con retribución y sus sacerdotes enseñan por la paga y sus profetas adivinan con dinero. Con todo, confían en Dios diciendo: “¿Acaso no está Dios entre nosotros? Pues no nos vendrá pues ningún mal”

(Mija 3, 9-11)

Mijá habla de la dirigencia corrupta y que corrompe así mismo el juicio, sobre aquellos que construyen Jerusalem sobre sangre de los inocentes, cohanim y profetas corruptos que dicen y piensan que Jerusalem está libre de todo mal, pero el profeta responde que no es así, Jerusalem no sobrevivirá y así fue.

Pero Jerusalem, donde se encontraba la dirigencia, los cohanim, profetas y el rey, no es la única ciudad donde se vivió con pecado, sino que la desigualdad y la falta de moral pasaban en todos lados, como se queja el profeta Amos de una forma un tanto irónica:

“Escuchad esta palabra, oh, vacas de Bashan que están en los montes de Samaria, que oprimen a los pobres, que quebrantáis a los menesterosos y decís a vuestros esposos: Traed vino para que nos emborrachemos”

(Amos 4, 1)

Amos es uno de los profetas que sus profecías vienen a criticar fenómenos sociales. Él vivió durante una época de riqueza y bonanza en el reino de Israel, en esta época se creó una élite muy grande –de la que sabemos por el mismo profeta– que abusaba de la clase baja y esclavizaba a los hombres. Amos profetizó la destrucción del reino de Israel y así fue. Unos años después de su muerte, fue destruido el reino de Israel.

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Derramamiento de sangre, ¿a qué se refiere? Yo creo que no habla de guerras civiles como las que nosotros conocemos hoy, sino derramamiento de la sangre de los débiles. Los profetas vieron el comportamiento inmoral del pueblo, de los ricos que abusan de los necesitados, una dirigencia corrupta e injusta, la misma dirigencia que no juzga con justicia. Por lo tanto los mismos profetas salen para proteger a los débiles: al extranjero, el huérfano y la viuda, y no solamente a aquellos nombrados, sino a los pobres, necesitados, etc., o sea a la clase baja de hace mas de 2500 años.

El profeta Zejaria vivió durante el regreso a Zion y fue quien promovió al pueblo a construir el segundo templo. Previo a la construcción, le preguntan al profeta si es que tienen que seguir ayunando y lamentándose por la destrucción de Jerusalem algunos años antes para que llegue la redención al pueblo. Esta fue la respuesta de Zejaria:

“Así habló Dios de los ejércitos: Juzgad conforme a la verdad; haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre, ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.”

(Zejaria 7:9-10)

De alguna forma, el profeta da a entender que no es el ayuno y el duelo los que traerán la redención, sino la forma en que tratamos a los débiles de la sociedad, juzgar con la verdad y tratar con misericordia al prójimo.

Los profetas de Israel representaban la voz del pueblo, el profeta ve y grita, ve y reprende a la dirigencia y a la sociedad. Ellos anuncian una destrucción y devastación totales, y en gran parte hablan de una decadencia social, incluso más que religiosa.

Jazal dicen que en los días en que no hay profetas, los jajamim (sabios) llenan ese vacío “desde que se destruyó el templo – la profecía fue dada a los jajamim” (Baba batra 12 pag 1). ¿Quiénes son jajamim? “Pues todos nosotros somos sabios, todos somos inteligentes, todos nos sabemos la Torá“. Esta frase la leemos cada año en Pesaj. Tal vez el significado de “jajam” no es idéntico el de la hagadá y el de los jajamim sobre los que hablan jazal, pero yo pido interpretar la frase distinto. Los jajamim que saben la Torá, los jajamim que saben que “si tu prójimo cayere en estrechez económica, lo acogerás como a un extranjero para que viva contigo” (Levítico 25, 35), ellos tienen la responsabilidad del trabajo del profeta. Proteger a aquellos que no pueden hacerlo solos, fortalecer a los débiles, reconocer al extranjero (o en nuestros días al converso) y no abusar del huérfano, de la viuda del forastero, del trabajador asalariado, de los pobres y de aquellos que son los débiles de la sociedad.

En la declaración de la independencia de Israel, David Ben Gurion escribió que el estado de Israel “estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel”. Después de que logramos entender cuál es la enseñanza de los profetas de Israel, esta frase del primer Primer Ministro de Israel tiene mucho más sentido.

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Al parecer en esta tercera autonomía judía en la historia (la segunda fue en la época de los Hashmonaim), la situación es muy parecida a la realidad contada en el Tanaj, pero el final contado es trágico y fuimos vomitados de la tierra porque el pueblo olvidó lo que era importante. En Israel del 2016 aún no llegamos a ese final, pero desafortunadamente se pueden ver y sentir fenómenos sociales no muy favorables. Aún no llegamos a un punto de no retorno, tenemos que aspirar a mas, a mejorar a nuestra sociedad y enfocarnos en lo que realmente importa, tal vez así se cumpla la profecía de Isaías:

“Y convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces, no levantara un pueblo al otro la espada y no aprenderán más la guerra…  Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y el cebón andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.”

(Isaías 2:4; 11:6-9)

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