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Intereses y existencia del lobby judío estadounidense

Escribe David Epsztein*

24 julio, 2016

mas-judios-1En los Estados Unidos de América viven aproximadamente entre 5 y 6 millones de judíos. Según a quién se elija creer en cuanto a estadísticas y definiciones de “judío”, este número varía más o menos sensiblemente. Como probablemente sepan, estamos hablando de la segunda concentración demográfica judía del mundo, no muy lejana en cantidad a la primera, el Estado de Israel. Pero en un país con aproximadamente 319 millones de habitantes, esta masa judía podría ser considerada al menos marginal desde el punto de vista electoral, ya que constituye casi el 2 por ciento de la población del país. Y sin embargo, aquello a lo que se da por llamar comúnmente “lobby judío” o “lobby israelí”, ese ente abstracto y a la vez tangible en el escenario político norteamericano, es considerado por algunos como uno de los fuertes protagonistas de cada sufragio, cada proyecto de ley que interpela a los intereses de la judería norteamericana o al Estado de Israel y cada posicionamiento político de Estados Unidos en la esfera internacional.

Entonces, ¿podemos decir que tal “lobby judío” existe? Entre aquellos que se dedican a la investigación académica, existe un consenso respecto a la inapelable influencia que ejercen sobre la política norteamericana distintas organizaciones que se autodenominan judías o sionistas; individuos con prestigio político y social, poderes económicos, y comunidades, tanto judías como no judías. Sin embargo, hay disenso frecuentemente en la definición conspirativa y maligna que se le adjudica eventualmente al concepto de “lobby judío”, como si fuese un supuesto Golem político que representa las más viles intenciones de un pueblo que conspira con el fin de gobernar al país entero e inclinar las acciones del mismo a favor de sus intereses sectarios y de los de Israel, incluso a costas del interés nacional norteamericano, al filo del mejor estilo antisemita de antaño. Es allí donde los más prudentes deciden llamar a este supuesto ente político “lobby israelí”, liberando a la judería de aquellos pagos del yugo de la dualidad nacional, el temido trauma de la “Galut” (diáspora), la traición a la patria.

aipac-logoEl llamado “lobby israelí” se encuentra popularmente reconocido y personificado por los famosos comités de acción política: AIPAC y J-Street, este último de escasa trayectoria y fundado solo en 2006. Dentro de los limites virtuales de estas organizaciones interactúan los diversos actores nombrados algunos renglones mas arriba, cada cual según su propia agenda política, pero coincidiendo en el apoyo a la idea principal: el valor estratégico y moral de la alianza entre Israel y los Estados Unidos de América. Cabe destacar, que los primeros lobbistas a favor de la causa sionista en los Estados Unidos eran cristianos y fervorosos creyentes de la redención del pueblo judío y la vuelta de Jesús una vez reunido el pueblo en su tierra ancestral, y que hasta hoy el apoyo principal que recibe el estado de Israel, además del judeo-sionista, proviene de este mismo sector, tanto en los Estados Unidos como en el mundo. En fin, en respuesta a la pregunta, podemos concluir que efectivamente sí existe un “lobby” que vela por los intereses sectoriales del establishment judío en norteamérica y que, aún con disensos dentro del mismo, en general apoya al Estado de Israel y a sus políticas.

Le pregunta que sigue es la que en verdad interpela a quienes siguen la temática: ¿es este “lobby” legítimo?, y si lo es, ¿son sus acciones favorables a los intereses nacionales de los Estados Unidos?

En cuanto a la legitimidad del “lobby”, es sabido y conocido que en Estados Unidos el Congreso detenta el poder principal y que este poder esta dividido no solo bipartidariamente, sino también geográfica y sectorialmente. Muchos grupos y comités de acción política representan los intereses de ciertos sectores de la sociedad americana, tanto de sectores industriales, sindicatos, capitales financieros, latifundistas, agricultores, petroleros y demás. Cada uno de estos grupos de acción política tiene una agenda clara, una porción de votantes y una caja de aporte a aquellos candidatos, senadores, y funcionarios con aspiraciones de ascenso para sus campañas electorales o legislativas. Desde este punto de vista, sería difícil desacreditar la existencia de un grupo de presión política como el que estamos examinando con las reglas de juego claras sobre la mesa. Sin lugar a dudas, hay una conciencia y una comprensión superlativa del funcionamiento de la política estadounidense y de los medios necesarios para llegar al fin que el “lobby” predica. Sin embargo, la sombra de una tercera parte extranjera dentro del grupo de influencia es la que despierta desconfianza y pone al “lobby” al borde de la deslegitimidad a la vista del ciudadano americano escéptico y del académico de corte realista. Israel como factor de influencia y presión dentro de la política americana es el quid de la cuestión en la polémica ultimativa de esta discusión: la conveniencia de la alianza con el estado judío.

20150304SPEECH-hp-slide-ME0F-videoSixteenByNine1050-v2El grado de intimidad entre los dos países en los últimos 20 años ha llegado a extremos que eran inimaginables en las vísperas de la creación del Estado de Israel, incluso tras el genocidio atroz de la Shoá pesando sobre los hombros de la comunidad internacional. Las últimas demostraciones de esta intimidad se centran en el apoyo explicito de Nethanyahu hacia Romney en las ultimas elecciones ganadas por Barack Obama y la polémica visita del premier al Congreso en Marzo del 2015 para frenar el acuerdo nuclear con Irán  y contra la voluntad del presidente Obama, por no detallar la larga lista de disensos de público conocimiento que surgen de la mala relación entre los lideres y la situación anárquica que se apodera lentamente del sistema internacional. Aun en estas circunstancias, el apoyo estadounidense al Estado de Israel se mantiene inquebrantable en los hechos, tanto en lo económico y militar, como en lo diplomático en los foros internacionales. Este panorama lleva a elevar una duda fundamental que estaba enterrada en el tiempo desde la guerra de los seis días en 1967: ¿Acaso la alianza con Israel sigue siendo conveniente?, ¿hasta dónde el apoyo a Israel auspicia el propio interés nacional estadounidense? ¿qué papel juega el “lobby” en este contexto? Apelando al factor común de las partes del “lobby”.

El eco de la disolución de un mundo bipolar es uno de los factores de esta realidad. Si antes la amenaza soviética representaba la base para la alianza con Israel, el portaaviones más grande de Oriente Medio, la disolución del monstruo rojo terminó con la dialéctica tradicional y trajo bajo el brazo el compromiso con los postulados de la democracia y los derechos humanos. El terrorismo reforzó nuevamente la base valórica y renovó, al mismo tiempo, la necesidad de mantener al “portaaviones” en esa zona del mundo. Pero lentamente el gigante americano parece retroceder en sus intenciones de detentar el rol de policía y regulador del sistema internacional. Una de las causas principales de este cambio, visible por sobre todas las cosas en una política moderada ante los atropellos terroristas, radica en la falta de apoyo popular a acciones que impliquen costos materiales y humanos en el seno de la sociedad norteamericana luego de las trágicas y costosas guerras en Afganistán e Irak.

En definitiva, la comunidad judía norteamericana, como sector social influyente, se encuentra en una encrucijada que puede definir el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y el estado de Israel o disminuir la legitimidad y poder de influencia de los judíos sobre los intereses nacionales. El “lobby judío” o “lobby israelí” es parte de la incógnita identitaria judeo-sionista de la era de la globalización y el posmodernismo, definida fundamentalmente por la liquidez de los procesos en el plano local e internacional y por la lucha que libran los estados-nación para sobrevivir a la espontaneidad y velocidad de los procesos sociales globales, que no contemplan el ritmo de la burocracia de los sistemas vigentes. La pregunta de la legitimidad del “lobby”, de los limites soberanos entre aliados o simplemente entre países, del sistema de influencia sectorial, es distinta cuando se la observa desde la óptica judía. Mientras los planetas se alinearon en la esfera internacional, el patriotismo americano y la fidelidad al Estado de Israel eran compatibles e inapelables hasta para el americano común. Cuando se rompe el orden y los cambios aparecen vertiginosos en el horizonte, las bases políticas y valóricas tambalean y con ellas también la fidelidad y patriotismo de los judíos americanos a los ojos de unos y otros en oriente y occidente. Hasta el día de hoy, no hay aplicación, software o medio de comunicación que logre resolver el dilema de la unidad nacional, espiritual y física.

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*Acerca de David Epsztein