La comunidad judía argentina en los procesos de memoria, verdad y justicia

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Esta es una nota con aire a día histórico, de los días históricos que necesitan ser puestos en palabras para cristalizar el estallido de emociones que se fusionan en el abrazo colectivo. Es que el jueves que pasó, la provincia de Córdoba y la Argentina toda amanecieron un poquito más justas que el día anterior. Nosotr@s, amanecimos un poco más justxs que ayer.

El jueves 25 de agosto, después de 40 años, después de 4 años de juicio, de testigos, lecturas, audiencias, alegatos… después, de la lucha incansable de madres y abuelas, llegó el día. Sentencia por la mega causa La Perla: 43 imputados, 716 víctimas, 350 audiencias. 581 testigos. 38 condenados. 28 prisiones perpetuas. 40 años después, los lápices siguen escribiendo.

“Este día histórico, es un impulso, una caricia y una satisfacción para quienes lucharon, luchan y seguirán luchando por memoria, verdad y justicia. Hoy volvimos a decir con fuerza y contundencia “Nunca Más”.”

Esta también es una nota que busca preguntarse por aquél “nosotr@s”: ahondar en él, preguntarse por su conformación, habitarlo y si es posible, apropiarse del mismo.

A menudo vuelvo a (re)visitar la definición de identidad desde la que me impulso a actuar día a día. Aquella que nos permite mirarnos como sujetos complejos, diversos, plurales. Pensar a la identidad como dinámica y multifacética. Recurrir a la imagen de un tejido, habitado por múltiples hebras, únicas y especiales en sí mismas, que a la vez, se entrecruzan entre ellas para conformar una unidad. Desde allí, me habilito a mirar el mundo y en este momento a la comunidad judía argentina en particular. Complejo e interesante tejido, a la vez que entramado por múltiples hebras diversas y diferentes entre sí. Pero hoy, además del componente judaico (múltiple y diverso en su interior), nos convoca otro componente común: ser parte de la comunidad argentina.

Entonces, entendiendo que aún así hay múltiples y diversas formas de estar siendo judío y argentino (estar siendo en contraposición al ser, a la identidad fijista y estática, inmutable), me pregunto hoy por el lugar e involucramiento de la comunidad judía argentina en los procesos de memoria, verdad y justicia en relación a la última dictadura militar en la Argentina. Creo profundamente en que allí reside un nosotros que nos posiciona en un lugar de colectivo, que nos reúne en un sólo abrazo; creo que allí habita una lucha que es de tod@s. Por eso, también, siempre me pareció natural que como comunidad judía debamos estar involucrados en los procesos de memoria y búsqueda de verdad en cada 24 de marzo, en las calles, en las escuelas, en las tnuot (movimientos juveniles sionistas), en los clubes. En este espiral abierto, que entra y sale, de la comunidad judía hacia la sociedad en la que está inserta y viceversa.

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Pero entonces, aparece la necesidad de escribir ésta nota y me pregunto por la naturalización de esta afirmación. Y entonces, me desafío a cuestionarla; y me encuentro con unos cuantos elementos interesantes.

En primer lugar, me encuentro con una perspectiva sobre la conformación identitaria que corresponde a lo que escribí más arriba: somos sujetos históricos, construcciones sociales. Somos sujetos complejos, somos muchas cosas a la vez. Somos lo que hacemos, en un momento determinado, en un contexto dado. De allí que nuestra conformación identitaria pueda estar atravesada por infinitos componentes, y algunos de ellos puedes tener relación a nuestra identidad judía a la vez que argentina. Y parte de aquella configuración está inevitablemente atravesada por la historia reciente, que aun sangra cual herida abierta entre nosotr@s, y que conforma una marca en las tres últimas generaciones. Porque l@s 30.000 desaparecid@s nos faltan a tod@s a la vez que dentro de ell@s también habitan un@s miles desapareci@s judíos, que durante la última dictadura fueron parte íntegra de la juventud que soñaba con otro mundo posible, y que luchó por conquistar otros horizontes posibles, más justos y humanizantes.

En segundo lugar, las fuentes judaicas nos propician herramientas para la dilucidación de esta cuestión. Si re-visitamos el Pirkei Avot, nos encontraremos con la siguiente oración:

אִם אֵין אֲנִי לִי – מִי לִי? וּכְשֶאֲנִי לְעַצְמִי – מָה אֲנִי? וְאִם לֹא עַכְשָיו – אֵימָתַי?

Si no estoy para mí, ¿quién lo estará? Y cuando estoy solo para mí ¿qué soy? Y si no es hoy, ¿cuándo?

Que hoy sea un tiempo histórico en el que la JUSTICIA haya dejado de ser una utopía para convertirse en una realidad, tiene que ver con que hay miles de personas que conformamos aquél nosotr@s, que decidimos salir de nosotros mismos para pensar en colectivo, aquí y ahora. Porque movidos por la idea de que si el presente es de lucha, el futuro en nuestro. Porque la memoria colectiva nos habita, y los pañuelos son nuestra bandera. Porque salimos de nuestro círculo cercano, para pensar en aquél circulo más amplio que nos envuelve y atraviesa. Desde tiempos lejanos esta frase nos acompaña, y es haciéndola propia que las esperanzas pueden hoy renovarse y la lucha continuar con gusto a emoción, mezclada con orgullo y alegría. He aquí otro motivo, por el cual transmitir la memoria de nuestro pueblo y hacerla cuerpo.

Otra frase del Pirkei Avot que puede echar luz a estas ideas corresponde a:

עַל שְלֹשָה דְבָרִים הָעוֹלָם עוֹמֵד – עַל הָאֱמֶת וְעַל הַדִּין וְעַל הַשָּלוֹם, שֶנֶּאֱמַר: “אֱמֶת וּמִשְפַּט שָלוֹם שִפְטוּ בְשַעֲרֵיכֶם”

Sobre tres cosas el mundo se sostiene – sobre la verdad, sobre el juicio y sobre la paz, como está dicho: “Verdad y juicio de paz juzgaran en tus portones”

Apelando a la salvedad de la memoria, elemento fundamental sobre el cual los pueblos se sostienen y persisten en el tiempo, construyen su presente, y sueñan su futuro, sabemos que la verdad es la que nos da esperanza, para perseguir la justicia que hoy, habita con más fuerza entre nostr@s, que hoy es un HECHO.

Porque desde años inmemorables, nos acompaña también esa frase que tanta fuerza nos da para impulsar el camino: “tzedek, tzedek tirdof” (justicia, justicia perseguirás).

En tercer y último lugar, desde mi conformación identitaria, singular y subjetiva, como javerá tnua (miembro de movimiento juvenil sionista), la pregunta por la educación me atraviesa desde hace varios años. Como educanda y educadora, como parte de un movimiento de educación no formal judío y argentino, me pregunto hoy cuál es aquella educación que nos habilite a pensar en colectivo, y que nos permita construir mentes críticas y conscientes de nuestra condición y construcción histórica, donde nuestro involucramiento en los procesos sociales de memoria colectiva y búsqueda de verdad y justicia en relación a la última dictadura militar en la Argentina sean un eje transversal y constitutivo de nuestra conformación identitaria. Y encuentro respuestas en la educación popular, desde la tradición de las pedagogías críticas. Que en conjunción con diversas interpretaciones culturales y humanistas de las fuentes judaicas, nos habiliten a construir una verdadera educación para la liberación. Comprendernos como sujetos políticos y agentes de cambio en la sociedad en la que estamos insertos como comunidad judía, entendernos como colectivo, posicionarnos del lado de l@s oprimid@s y luchar por un mundo más justo e igualitario se presenta como tarea urgente en nuestra generación de niñ@s y jóvenes hoy.

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Sólo así, como comentó una señora en nuestro “post comunitario” (me tomo el atrevimiento de tomar sus palabras), sobre la participación de algunas madrijot (coordinadoras) de nuestra Tnuá y alumn@s de la Escuela Israelita de Córdoba en la sentencia de la mega causa La Perla el pasado jueves 25 de agosto, “se construye inclusión con identidad. Ningún judío digno puede ignorar el valor del juicio y las sentencias. Por la Shoá, por los desaparecidos judíos cordobeses, por todos los desaparecidos, torturados, apropiados y exiliados, NUNCA MÁS”.

Mientras tanto, aquí estoy yo, orgullosa de que como javrei tnua hayamos estado presentes en este momento HISTÓRICO, ¡por la memoria, la verdad y la JUSTICIA! Hoy más fuerte que nunca, alzamos nuestra voz y EDUCAMOS por un ¡NUNCA MÁS!

Por l@s compañeros y compañeras que nos faltan, por las madres, por las viejas locas de la plaza. Ejemplo de lucha y amor. Por ell@s, por un nosotr@s verdadero, plural, diverso, profundamente colectivo.

Porque “los dolores que nos quedan, son las libertades que nos faltan”. Hoy, renovamos las esperanzas. La lucha continúa.

Jazak ve’ematz[1]

(Para cerrar, un fragmento tomado del Manifiesto Colectivo[2])

De mega causas, alegrías y luchas.

Cuando el juicio y castigo del Estado eran tan solo una posibilidad lejana,
los escraches pintaron las casas de los genocidas.
Mientras la esperanza sucedía como trinchera, el pañuelo blanco se hacía carne en los cuerpos de esas mujeres.
Cuando lo incontable de la dictadura se convertía en 30 mil desaparecidos, el Terrorismo de Estado en Córdoba cobraba nombre y apellido.
Mientras seguimos llorando las vidas que asesinaron
celebrando que seguimos en la calle
nos alegramos de estar juntas.
Miles de nosotras bajo el sol del mediodía
abrazando nuestro presente de resistencia.
El juicio terminó, la lucha continúa.


[1] Saludo de algunos de los movimientos juveniles sionistas (Tnuot Noar) cuyo significado en español es “se fuerte y valiente”

[2] Algunas fotos y el texto final tomado del Manifiesto Colectivo